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Martes, 14 Marzo 2017 18:08

Cáritas Siria implora la paz

[Carta de Cáritas Siria a Cáritas Española en el sexto aniversario, hoy, 15 de marzo, del comienzo de la guerra]

Queridos compañeros de Cáritas España,

Desde hace unos días, la primavera por fin ha llegado a Damasco. Aquí, en Siria, el invierno ha sido muy duro para todos nosotros porque la guerra no nos ha permitido protegernos fácilmente del frío. Hemos trabajado en condiciones muy difíciles, sin electricidad, sin calefacción y en algunas ocasiones incluso sin agua corriente. Hemos visitado a algunos beneficiarios que están viviendo situaciones precarias en edificios sin terminar o en ruinas. Estas personas han sufrido mucho durante el invierno. 


Pero el frío no es la única causa del sufrimiento de la población siria. Siempre me hago la misma pregunta. Vosotros, que vivís en países occidentales, ¿qué sabéis sobre las dificultades que enfrentamos en nuestra vida cotidiana? Tal vez habéis leído acerca de cifras y estadísticas sobre las tasas de pobreza en Siria. Puede ser que hayáis visto noticias sobre el número de muertos y el derramamiento de sangre. Pero, ¿qué se dice acerca del estrés bajo el que vivimos a diario para poder conseguir cosas sencillas, tan sencillas como agua, gas, combustible para la calefacción y pan? Cada día luchamos para encontrar alternativas a la electricidad. Tenemos que esperar en una cola durante diez horas o más para llenar el depósito del coche. Tardamos horas en llegar a nuestros centros de trabajo a causa de los controles de seguridad. Tenemos que pagar hasta cinco veces más por una bombona de butano para poder calentar nuestro hogar durante unos días. Todo ello nos está matando por dentro y haciéndonos sentir que no somos capaces de pensar en otra cosa salvo en la manera de cubrir nuestras necesidades diarias. Los jóvenes ya han dejado de pensar en el futuro. Están demasiado ocupados para preocuparse de eso. Tienen que hacer largas colas durante horas en los parques públicos para poder conseguir un poco de agua para asearse.

Desgraciadamente, después de seis años de guerra hemos llegado a un punto en el que lo único que hacemos es luchar por proporcionar a nuestra vida las necesidades más básicas.

Nuestro trabajo en Cáritas tampoco resulta fácil. Formamos parte de una sociedad, la siria, que está cansada. Y tenemos nuestros propios problemas y preocupaciones. Algunos de los trabajadores que trabajan aquí están desplazados y tienen que compartir una habitación diminuta con otras familias. Alguno de ellos ha perdido a sus seres queridos. La recepcionista del centro Kashkoul de Damasco, por ejemplo, perdió a su marido al principio de la guerra por culpa de una bala perdida. Estaba haciendo la compra para su familia con su hija de cinco años, que vio morir a su padre delante de sus propios ojos. Actualmente, esta señora tiene que ocuparse ella sola de sus tres hijas, lo que supone una dificultad para sobrellevar la carga de la vida día tras día. Además, los trabajadores de Cáritas deben dejar de lado sus propias preocupaciones y escuchar a la gente contar historias tristes y a menudo trágicas, con comprensión y compasión. Y si se les pregunta de dónde sacan fuerzas para continuar con su misión, la mayoría responde “de la alegría que vemos en los ojos de los desfavorecidos cuando reciben nuestra ayuda”. Esto es sencillamente una oda a la alegría de los trabajadores de Cáritas en Siria.

Los seis años de guerra nos han agotado y nos han devuelto a la Edad de Piedra, privándonos de las cosas más sencillas de la vida. Pero vosotros, desde los países occidentales, podéis ayudarnos a recuperar nuestra dignidad y nuestra alegría apoyándonos y ayudándonos no solo económicamente, sino también contribuyendo a acabar con la guerra en nuestro país. Os pedimos que por favor habléis en voz alta sobre la verdad. Sobre el tremendo sufrimiento de millones de seres humanos en Siria. Que ejerzáis presión sobre vuestros gobiernos para que pongan fin a las sanciones en nuestro país ya que lo único que se está consiguiendo es que los ricos sean más ricos y los pobres lo sean aún más. Pedid a vuestros líderes políticos que prohíban el envío de armas y que impidan a los yihadistas viajar a Siria. Que nos ayuden a reconstruir nuestro país para que así podamos interpretar de nuevo nuestra propia “Oda a la alegría”.

Por último, me gustaría daros las gracias por vuestra solidaridad, que nos ha llegado al fondo de nuestros corazones y nos ha dado esperanza. Personas como vosotros nos dais la certeza de que la primavera siempre llega después del invierno.  

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