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Martes, 07 Enero 2020 11:42

Pregón Navideño de Centro Amigo

Escrito por
 

Buenas tardes a todos, esta es mi primera Navidad en el Centro Amigo y mirad como me estreno, ¡a lo grande! Por eso quiero que lo primero que resuene esta tarde aquí sea ¡GRACIAS! Gracias sobre todo al equipo del centro por regalarme la oportunidad de dirigirme a todos vosotros en esta tarde tan especial. Teniendo en cuenta, además, que he sido de las últimas incorporaciones al grupo de voluntarios, mi agradecimiento es aún mayor, ya que estoy segura de que hay aquí personas que tienen mucho más que yo que aportar y transmitir.
Me vais a permitir que de las gracias especialmente a las personas que me han ayudado a que mi trabajo como voluntaria sea más fácil. Esas personas son Maita, que me ha orientado desde el primer día y Fátima, que me organiza los acompañamientos estupendamente y que con su sonrisa permanente consigue que todo sea mucho más agradable.
Como he dicho mi recorrido en el centro es corto y a la vez intenso, porque así lo vivo yo, con mucha intensidad. Cuando comencé a colaborar con vosotros no sabía muy bien lo que me iba a encontrar y lo que he encontrado me llena y me satisface muchísimo.
Estoy contenta por haber sido capaz de salir de mi zona de confort y enfrentarme a compartir momentos con personas que han tenido una vida muy difícil y que te colocan delante de una realidad muchas veces incómoda, que me obliga a replantearme muchas cosas de mi propia vida.
Me siento además muy orgullosa de pertenecer a este grupo de voluntarios que, aunque personalmente conozco poco, durante estos meses he podido comprobar su disponibilidad, su gran generosidad y sobre todo el cariño que ponen en su trabajo.
Mi decisión de querer ser voluntaria se debe a el deseo de devolver un poco de lo que la vida me ha regalado. Mi vida hasta ahora ha sido plena, en el sentido de que siempre he estado rodeada de mis seres queridos, mi familia y mis amigos, y aunque perdí a mis padres demasiado pronto me considero afortunada porque siempre he tenido a quien recurrir, nunca me he sentido sola ante las dificultades.
Nos disponemos en estos días a celebrar la Navidad, y automáticamente pensamos en las comidas con la familia y los amigos, en los preparativos que esto conlleva, pensamos en las compras, en la decoración de nuestras casas, y nos parece que cuanto más preparamos estas cosas más bonita y feliz será nuestra Navidad. Pero esto, a mi modo de ver, es una navidad a medias, una navidad en minúscula. Y yo esta tarde quiero comenzar a celebrar aquí con vosotros, una Navidad en mayúsculas.
Navidad que rima con Fraternidad. Fraternidad entre personas de toda clase, color, cultura, nacionalidad o religión, entre personas que pensamos diferente pero que somos capaces de respetarnos. Y esto es una realidad palpable en el Centro Amigo. Esta es la verdadera Navidad en la que salimos al encuentro con el otro, con el que nos espera para ser acompañado. Y en este acompañar, me he encontrado con personas que me aportan mucho más de lo que yo les puedo dar a ellas. Y esto puede sonar muy típico, pero es así realmente.
En estos acompañamientos he recibido historias de toda una vida, ilusiones por cumplir, proyectos por realizar, ganas de seguir avanzando y mejorando cada día. Otras veces cansancio o miedo y otras muchas alegrías por los objetivos conseguidos. Pero sobre todo me encuentro con personas que están enormemente agradecidas por tener una segunda oportunidad y que me enseñan lo que realmente significa la Navidad.
Navidad significa nacer de nuevo cada día, luchar por la dignidad y la verdadera libertad de los hombres y mujeres de nuestro mundo. Navidad es aportar nuestro granito de arena para construir una sociedad más justa, en la que todos tengamos cabida y nadie sobre. Navidad es hacer de nuestro mundo un lugar más humano y compasivo.
Jesús nace y se hace presente entre los más débiles y es ahí donde debemos buscar su presencia. El nacimiento del Señor es una oportunidad perfecta para estar atentos a las necesidades de los hermanos, sobre todo de aquellos que no tienen quien los acoja y acompañe, como pasó aquella noche en Belén, nos dice San Lucas: “estando ellos allí, le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no habían encontrado sitio en la posada”. Mi mayor deseo en esta Navidad, es que todos seamos capaces de acoger y cobijar al hermano que lo necesita. Y que la alegría llene nuestros corazones, pero una alegría auténtica, aquella que nace de la certeza de que Jesús viene a salvarnos y que esta salvación es real, aquí y ahora.
Jesús nos trae un mensaje de liberación, él nos dice: “Venid a mí los que estéis cansados y agobiados que yo os aliviaré”. Por eso esta tarde me quiero dirigir con especial cariño a todos los acogidos del Centro Amigo. Os quiero decir que, aunque a veces parezca que el camino es demasiado difícil nunca perdáis la esperanza y buscad esa mano amiga que está cerca, en los educadores, que con tanto cariño y con la firmeza necesaria, trabajan para que recuperéis las riendas de vuestras vidas. En el centro Amigo habéis tenido la gran suerte de encontrar una familia, porque la familia va más allá de los lazos de sangre. En estos días se notan con especial intensidad las ausencias que todos tenemos, pero lo importante es recordar con cariño a esas personas que ya no se encuentran entre nosotros y valorar la presencia de los que comparten con nosotros la celebración de la Navidad.
Quiero esta tarde recordar también a todos los que han pasado por el centro y que ya no se encuentran en él. Especialmente a Ricardo y a todos los que se han marchado por cualquier otro motivo, deseo que allí donde se encuentren tengan el apoyo y el cobijo que todos necesitamos.
Deseo y creo que se puede hacer realidad una Navidad y una sociedad en la que no haya nadie sin un hogar. Para ello debemos remar todos en la misma dirección, las administraciones públicas, las organizaciones sociales y la ciudadanía en general. Debemos hacer visible la realidad de las personas sin hogar, para que todos seamos conscientes de que es un grave problema que no se puede consentir en una sociedad supuestamente desarrollada como es la nuestra.
Que el nacimiento de Jesús nos llene el corazón de ternura, de alegría y de esperanza en la posibilidad de un mundo más humano y solidario. Solo me queda desearos a todos una muy feliz Navidad y daros de nuevo las gracias porque aquí me siento ya en familia.
¡FELIZ NAVIDAD¡

Jueves, 21 Noviembre 2019 10:59

Derecho a la vida

Escrito por NAZARET
 

FOTO DANIELATres kilos trescientos gramos. Muy rosadita, aunque con pequeñas manchas en la piel. Manos pequeñas, pero inquietas, como queriendo experimentar con el tacto tanta novedad por descubrir.

Su madre, rebosante de alegría, aunque con dificultad de expresarla por el cansancio de varias horas de parto en que su hija intentaba asomarse a este mundo y no se atrevía por no saber que habría fuera…

Así, como otros muchos partos, ha sido el nacimiento de la hija de una de las personas que está ahora acogida en el Proyecto Nazaret: único y al mismo tiempo ancestral. Y casi sin quererlo, todos y todas volcamos en ese momento cantidad de experiencias propias y ajenas, cargadas de alegrías, de cuidados, de recomendaciones… Porque la vida no debiera pararse en ese momento en nada más, ni en preguntar por orígenes, ni por la capacidad de demostrar si eres de aquí o de allá a través de unos papeles…

Sin embargo, pronto, muy pronto, sobre la pequeña habrá que tomar decisiones: elegir si quiere ser española porque ha nacido aquí o del lugar de origen de la madre. Y no es vana la decisión, si decide ser “extranjera”, por conservar sus raíces, puede verse obligada a renunciar a muchos de los derechos ciudadanos que cualquiera de los que hemos nacido aquí tenemos. Si decide ser española, tendría que esperar un año a serlo, y probablemente también, si no hay leyes que permitan la doble nacionalidad, también perdería la posibilidad de sentirse plenamente heredera de la cultura de sus padres. No es cuestión de organización administrativa: esa decisión la puede colocar en espacios muy diferentes de cara a tener más o menos derechos.

En muchos casos parecidos, nos podemos encontrar que esta decisión suponga que los hijos tengan más derechos que los padres, y que incluso, éstos puedan ser expulsados del país, y ellos no. No. No estoy hablando de Estados Unidos, sino de nuestro país y sus leyes. Leyes que para ciudadanos y ciudadanas de otros lugares les obligan, por decreto a la exclusión. Leyes que no buscan ofrecer espacios para la integración, salvo que se venga con dinero suficiente para comprar esa integración. Leyes que no contemplan las realidades humanas de personas que ya están aquí y viven con nosotros desde hace tiempo: aunque tengan posibilidades de tener un contrato de trabajo en mano, aunque lleves más de 10 años y aún no puedas votar como ciudadano, aunque vivas entre vecinos que puedan testificar tu residencia y no puedas optar al padrón por carecer de otros documentos… Frente a lo que se dice en los discursos, lo que prima no son los esfuerzos para crear espacios de encuentro, sino limitar los derechos de quien no nació aquí.

Efectivamente, el nacimiento de nuestra pequeña nos invita a valorar la vida en si y por si, tal cual, con toda su dignidad, esa dignidad que nadie nos la otorga, sino que nos viene dada, regalada, aunque luego tengamos que luchar toda una vida para que se nos reconozca.
 

Domingo, 27 Octubre 2019 10:27

Hoy, di basta, ¡Nadie Sin Hogar!

Escrito por
 

Hoy, 27 de octubre celebramos la jornada que trata de visibilizarnos a las personas sin hogar. No tener hogar es más que no tener una casa... se trata de un cúmulo de aspectos que engloban un espacio físico pero también otras dimensiones que son fundamentales para nuestro bienestar y el de todo ser humano (relaciones, sentido vital, acceso a derechos...). Las diferentes organizaciones en las que participamos nosotras y nosotros, llevamos ya 27 años celebrando esta jornada que trata de sensibilizar sobre esta realidad y abrir caminos que nos ayuden a afrontarla. Sin embargo, y a pesar de los logros innegables conseguidos, nos da la impresión de que se asemeja a una tormenta de verano que, una vez pasada, nos sumerge de nuevo en la invisibilidad en la que habitualmente vivimos.
El lema de este año nos invita a ponernos cara... Todos sabemos la importancia que tienen los rostros concretos a la hora de sintonizar con los problemas. Se calcula que en España son unas 40.000 las personas que nos encontramos en situación de sin hogar. Esta cifra se agrava al conocer, tal y como nos indica el Informe FOESSA, que la exclusión social severa ha crecido en nuestro país y que las situaciones de personas que vivimos en hogares precarios o de inseguridad en la vivienda está también en aumento.
Pero detrás de estos datos fríos y anónimos siempre estamos personas concretas, personas que sufrimos y lloramos, personas que amamos y perdonamos, personas que, en definitiva, queremos ser felices. Cuando somos capaces de superar nuestros miedos, estereotipos y prejuicios y acercaros a nosotros, podréis observar que representamos una realidad tan plural, en la que podéis descubrir, como en todo ser humano, hombres y mujeres que estamos llenos de miserias, de riquezas y de posibilidades. Poner cara y rostro es el primer paso para contribuir a una sociedad más inclusiva que no deje en los márgenes a ningún ser humano que siempre es su auténtico valor.
Nos parece importante que, de cara a afrontar el problema social que tenemos delante, junto a la cercanía, comencemos afrontando con diligencia la prevención de las situaciones que llevan al sinhogarismo. Como en la salud, la transformación comienza previniendo las circunstancias que lo provocan. En ese sentido son muchísimos los aspectos que intervienen para que una persona acabe en situación de sinhogarismo. Podríamos decir que cada persona tiene su propia historia y su propio proceso. Sin embargo, hay algunos aspectos que coinciden en los procesos de la mayoría de nosotras y nosotros. Estos elementos tienen mucho que ver con la falta de recursos económicos y de ayudas sociales; con la falta de un trabajo digno; con las circunstancias personales (enfermedad, adicciones, relaciones familiares, hábitos...); y al final, con la ausencia de acceso al derecho a una vivienda.
Si estas son las circunstancias que abocan a tantas caras y rostros a vivir en la calle, como sociedad tenemos que afrontar el reto de trabajar juntas y juntos en la prevención del problema. En ese sentido nos preocupa este tipo de sociedad que estamos construyendo donde las relaciones se están debilitando y donde los lazos personales se rompen o se mueven desde claves utilitaristas o economicistas. Junto a ello, nos preocupa enormemente la realidad del trabajo que impide, en muchas ocasiones, una vida digna que posibilite salir de la exclusión y de la pobreza.
Por ello, con el objetivo de prevenir y de decir ¡basta! a la situación que viven tantas personas sin hogar, realizamos las siguientes peticiones a los diferentes colectivos implicados:

  1. A la ciudadanía: el sinhogarismo es siempre una vulneración de Derechos que tiene solución. Por ello, es importante superar prejuicios y miedos, y aproximarnos con sumo respeto y delicadeza a estas personas: solo cuando descubrimos en ellos caras y rostros concretos, se nos permitirá afrontar el problema que tiene solución desde la clave de la relación y de la humanidad. Lo que nos humaniza es la relación.
  2. A las entidades sociales: agradecemos el innegable trabajo que realizan en nombre de todos y todas. En ese sentido, hay que seguir impulsando espacios de coordinación y trabajo en red, de cara a avanzar en respuestas adecuadas y eficaces a situaciones de prevención del sinhogarismo.
  3. A los medios de comunicación: les pedimos una información sensible y no estereotipada de la realidad de las personas en situación de sin hogar, donde se incorpore el discurso y narrativa de las propias personas afectadas por el sinhogarismo.
  4. A las administraciones públicas: reclamamos el desarrollo de unas políticas públicas de prevención del sinhogarismo reales, que se anticipen a la pérdida del hogar y que garanticen el acceso a los recursos adecuados, así como el impulso de medidas de acceso a una vivienda pública de alquiler social. Igualmente nos parece importante que se potencien empresas sociales de inserción y cooperativas sin ánimo de lucro como espacios privilegiados donde avanzar en procesos de inclusión junto con aquellas personas que lo tienen difícil en el mercado laboral convencional.  
Jueves, 24 Octubre 2019 12:01

¿Qué nos dice la vida de Carmen?

Escrito por
 

El testimonio de vida de Carmen muestra claramente cómo una persona puede terminar en situación de calle porque en ningún momento ha existido un mecanismo de prevención que identificara y frenara algunas de las circunstancias que le iban sucediendo.  

Dentro de un entorno familiar normal, no se da el acompañamiento ni cuenta con una red de ayuda en momentos como el abandono escolar o un embarazo temprano. La falta de formación cualificada y de empleo provocan una situación de inestabilidad que pronto se refleja en no poder mantener una vivienda o acceder a la misma. 

Casos como el de Carmen existen porque carecemos  de medidas y programas que cuenten con los resortes necesarios para evitar estas situaciones de vulnerabilidad. La detección temprana ante situaciones de riesgo, desde los servicios sociales municipales y las entidades sociales son fundamentales.  

Carmen no ha estado apoyada en la muerte de su hijo; ha visto cómo denunciar a una de sus parejas por maltrato pasaba por tener que vivir en un albergue; y no ha recibido una atención plena en torno a su enfermedad. Estas tres cuestiones, desde una visión más integradora podrían haberse abordado para evitar la resolución que ha tenido.  

No hay que obviar que, si falla la protección, al menos es necesario evitar la cronicidad buscando alternativas que permitan a las personas integrarse en espacios comunitarios que favorezcan un desarrollo pleno. Cabe destacar que estamos ante una persona con casi 60 años, que ha estado conviviendo con el sufrimiento desde los 17, sin haber obtenido una respuesta que contemplara todas y cada una de sus dificultades.  

Queda mucho por hacer, y debemos seguir siendo críticos con nuestros propios itinerarios de acompañamiento. Nada asegura que Carmen vuelva a vivir estas situaciones de riesgo, pero con su esfuerzo y con el esfuerzo de todos, debemos intentar que esto no vuelva a ocurrir.  

 
Martes, 22 Octubre 2019 10:20

Carmen

Escrito por Carmen
 

Nací en Periana, un pequeño pueblo de Málaga, hace 57 años. Soy la única hija de una pareja de agricultores. Recogían aceituna, labraban la tierra con mulas y yeguas, sembraban trigo, cebada, avena, lentejas, garbanzos, manzanilla para infusión, romero... Luego lo recogían todo y lo trillaban para separar la semilla de la paja, y con esta alimentaban a los mulos. Vivíamos en una finca en la que no había luz ni agua. Teníamos que ir a un pozo a por agua y a un manantial. Criábamos cerdos para comerlos en Navidad.

Mi infancia ha sido bonita. Fui una hija deseada. Fui muy traviesa... Me crié al lado de mi abuela materna. Me crié con leche condensada porque a mi madre no le subía la leche.

Así fue mi vida. Fui al colegio hasta los 14 años, aunque era muy mala estudiante. Con esa edad, mi padre se fue del campo a vivir a Málaga, para ser conserje en una urbanización. Mi madre y yo nos fuimos con él. Allí fui a una academia particular para sacarme el graduado escolar. Entré en una escuela de capacitación agraria hasta los 17 años, pero no llegué a terminar. No soy perito agrícola, como quería mi padre.

En la escuela tuve mi primer novio y con 17 años me quedé embarazada. En el momento en el que mi pareja se enteró que estaba embarazada me dijo que no quería saber nada del pequeño ni de mí, por lo que me vi únicamente con el apoyo de mis padres.

Cuando mi primer hijo tenía 6 años, conocí a un hombre del que me enamoré y nos casamos. Y tuve mi segundo hijo. El embarazo fue muy malo. Nació enfermo de hígado y necesitado de un trasplante, cosa que, en aquellos tiempos, no era tan habitual. Con 4 años y 6 meses mi hijo falleció. Siempre tuve el cariño de mis padres, pero yo era muy rebelde y me complicaba la vida sola. Mi marido, cuando conoció la enfermedad de mi hijo, empezó a maltratarme, bebía, abusaba de mí. Cuando mi hijo murió, decidí divorciarme y así hice. Pero entré en una depresión muy profunda. No terminaba de asumir que mi hijo ya no estaba. Ante mi estado me derivaron a salud mental y allí fui diagnosticada de un trastorno límite de la personalidad. Aunque me explicaban en qué consistía esta enfermedad, nunca asocié todo ello a lo que me ocurría en la vida. No tenía conciencia de tener una enfermedad y cómo esta me afectaba.

Comencé a beber, a mezclar antidepresivos y alcohol. Estuve así un año, hasta que me levanté y vi que solo tenía un brik de vino. Ahí la relación con mis padres estaba ya rota y ellos seguían cuidando de mi hijo mayor. Mi padre no llegó a perdonarme que hubiera caído en una adicción. Cuando descubrí que tenía un problema, pedí ayuda a través de un conocido que había vivido lo mismo que yo. Estuve 3 años asistiendo a terapia de grupo y conseguí mantenerme en abstinencia. Comencé a trabajar limpiando casas, cuidando personas mayores... Parecía que todo iba bien, que iba a salir adelante. Comencé a tener problemas con mi madre a costa de la herencia de mi padre, y entonces mi madre me echó de casa. Pasé a vivir en el albergue de Málaga. Como tenía una pensión no contributiva, me ayudaron a buscar una habitación.

Inicié una nueva relación a través de un anuncio del periódico. Parecía ir bien, parecía ser buen hombre, pero también conviví con situaciones de maltrato. Después de 10 años juntos, tras una paliza, el hospital puso un parte de maltrato por las lesiones, y entonces tuve fuerzas para romper dicha relación. Aunque, como no tenía nada, y dependía de él, me volví a ver en la calle, perdí la PNC por no entregar la documentación necesaria. Con apoyo, recuperé mi PNC y conseguí un trabajo de interna para tener casa y trabajo. Como no estaba bien anímicamente, abusé de nuevo de los antidepresivos, y esto me hizo robar en la casa donde trabajaba. Mi jefa me denunció y entré en prisión durante 17 meses.

Sorprendentemente, en prisión no me fue mal. Encontré apoyo en compañeras y trabajadores de la cárcel. Cuando conseguí la libertad, la única opción que tuve fue irme al albergue de Sevilla, ya que mi madre no quería que viviera en su casa. Yo no quería ir más al albergue, así que, al planteárselo a la trabajadora social de la cárcel y gracias a la pastoral penitenciaria, me acogieron puntualmente en una comunidad de religiosas. Desde allí, buscamos ayuda en Cáritas y ahora estoy viviendo en el Centro Amigo, a la espera de una plaza en residencia definitiva. 

 

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