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Miércoles, 06 Marzo 2019 12:38

La creación nos aguarda expectante esta Cuaresma

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Un año más el papa Francisco nos invita con su mensaje cuaresmal a entrar con decisión en ese tiempo de gracia y salvación que es la Cuaresma, mientras vivimos esperando que un día llegue a plenitud lo que significa nuestra condición de hijos de Dios. Pero este año Francisco quiere recordarnos algo más. Es toda la creación la que está expectante. Lo dice Pablo y lo hace suyo Francisco en el mismo título de su mensaje: “La creación expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rm. 8,19).
 
 
¿Pero qué aguarda de nosotros la creación en esta Cuaresma? ¿Acaso tiene algo que ver lo que yo haga en mi vida privada esta Cuaresma con la historia presente y con esta creación? Y Francisco nos dice que sí. Esta creación, que “gime con dolores de parto”, en palabras de Pablo, está en el trance de alumbrar un mundo nuevo. Y para este alumbramiento es necesaria nuestra colaboración. Es necesario que se manifieste en nuestra propia vida lo que significa ser y vivir como hijos de Dios. Desde esta perspectiva nos sugiere algunos puntos de reflexión.
 
Lo primero que nos recuerda es que cuando cada uno de nosotros vivimos como personas redimidas y sabemos reconocer y poner en práctica el proyecto de Dios, es la creación entera la que participa de la salvación. Cuando la caridad de Cristo transforma nuestra vida, de esa transformación son partícipes todas las criaturas.
 
Por el contrario, “cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas”. “Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más, acaba por imponerse”. Y esto es lo que hace el pecado, que rompe la comunión con Dios, con los demás y con la creación y trastorna la relación armoniosa de los seres humanos con la naturaleza. El hombre se considera el Dios de la creación, “acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil” y esto nos “lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente”.
 
Por esto, añade Francisco, “la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una «nueva creación». De este modo la creación puede celebrar la Pascua, pues también ella está llamada a salir “de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rm 8, 21).
 
Desde este horizonte pascual, los grandes signos cuaresmales adquieren una densidad especial: Ayunar, es aprender a cambiar nuestra actitud pasando de la tentación de devorarlo todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor. Orar es saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna es salir de la necesidad de acumularlo todo para nosotros mismos y encontrar la alegría de compartir con los necesitados.
 
Termina su mensaje el Santo Padre invitándonos a no dejar transcurrir en vano este tiempo favorable: “Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagamos prójimos a nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación”.
 
Vivamos intensamente la Cuaresma para celebrar de manera gozosa la Pascua. La creación aguarda expectante nuestra conversión y la fuerza transformadora que imprime en nosotros la Resurrección.
 
Reflexión para la Cuaresma de Vicente Altaba, delegado episcopal de Cáritas Española 2007-2018