Martes, 02 Julio 2019 11:13

La Asamblea de Cáritas apela al compromiso personal y comunitario para responder a «la fatiga de la compasión»

La Asamblea de Cáritas apela al compromiso personal y comunitario para responder a «la fatiga de la compasión»
Los representantes de las Cáritas Diocesanas de todo el país que los días 28 y 29 de junio participaron en El Escorial en las sesiones de la LXXVII Asamblea General de la Confederación han lanzado un llamamiento a la ciudadanía, a las comunidades cristianas, a los sectores económicos y a los responsables políticos a “responder a la fatiga de la compasión poniendo en marcha nuestro compromiso para mejorar el mundo”. 
 
 
En la Declaración final, los asambleístas invitan a escuchar la demanda que “nos exigen las personas que se quedan atrás para re-vincularnos y construir consensos dentro de un mosaico social de personas iguales y distintas, capaces de pensar en común alternativas justas y solidarias que hagan de la nuestra esa sociedad fraterna, libre y democrática donde todos seamos uno”.
 
Con esta apelación, finalizaban dos jornadas de intenso trabajo en el que, junto a las cuestiones estatutarias, los participantes pudieron profundizar en las constataciones del VIII Informe FOESSA e identificar los retos que esta investigación plantea para el trabajo de Cáritas en el corto y medio plazo. Una de las sesiones, además, se centró en analizar, a la luz del Informe, los desafíos que se plantean para la mujer en la Iglesia de hoy, en los distintos niveles territoriales de Cáritas.
 
Tras la sesión inaugural -presidida por monseñor Jesús Fernández, obispo auxiliar de Santiago de Compostela y responsable de Cáritas en el seno de la Comisión de Pastoral Social (CEPS), y Manuel Bretón, presidente de Cáritas Española-, Natalia Peiro, secretaria general, presentó a la Asamblea el preceptivo informe anual de actividad.
 
Monseñor Fernández invita a la participación juvenil
 
En el mensaje que monseñor Jesús Fernández dirigió a los asambleístas en nombre de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, el prelado abordó el reto que supone “la falta de relevo generacional”, un problema que “nos urge a intentar descubrir aquellas claves que nos permitan impulsar el voluntariado juvenil en nuestro ámbito de acción”.
 
A partir del pasaje evangélico de la multiplicación de los panes y los peces, yapoyándose en la figura de la figura del joven que entre aquella multitud hambrienta tenía cinco panes y dos peces, monseñor Fernández se refirió a “los talentos juveniles” para identificar “los retos que se les presentan a los jóvenes y que frenan su compromiso, y apuntar algunas posibles pistas de cara a la acción. 
 
Entre algunos de los “panes” que pueden aportar los jóvenes, el obispo señaló, primero, la sensibilidad, su “inclinación a la solidaridad y a la ayuda sin reparar demasiado en los costes”. En segundo lugar, el entusiasmo. Tercero, la “disponibilidad para el cambio, capacidad de volver a levantarse después de cualquier fracaso y de dejarse enseñar por la vida”. Cuarto, “el pan de la amistad”. Y, por último el “pan del sentido, enriquecido por las múltiples posibilidades que despliega, sobre todo en el campo físico y deportivo, en el artístico, en el intelectual y hasta en el vocacional”.
 
A pesar de esta nutrida mochila, monseñor Fernández señaló los tres desafíos a los que se enfrentan los jóvenes: la desconfianza, la falta de compromiso y la increencia. “Todos estos desafíos y dificultades que afectan a los jóvenes, no pueden dejarnos indiferentes”, alertó. 
 
Y como respuesta a estos problemas, el obispo auxiliar de Santiago de Compostela propuso tres retos: “poner los cimientos de una educación en la solidaridad”; “crear ámbitos de voluntariado con apoyos puntuales a determinadas causas o experiencias novedosas, cercanas y no excesivamente traumáticas como puede ser el acompañamiento a personas mayores y que viven solas”; y “anunciar el evangelio del amor del Dios Trinidad para que la presencia de tantos desafíos no sea interpretada por el joven como un olvido de Dios ni como una prueba”.
 
Manuel Bretón apela a la revolución de la ternura
 
El presidente de Cáritas, Manuel Bretón, por su parte, aprovechó sus palabras de saludo para invitar a todos los responsables de las Cáritas Diocesanas a poner en marcha la revolución del amor que propugna el papa Francisco.
“Amigos míos –afirmó—, ojalá fuéramos capaces de revolucionar con nuestra ternura nuestro entorno, sin grandes alardes, pero con mucha decisión. La Iglesia estaba necesitada de una revolución y Francisco optó por el combate cuerpo a cuerpo, corazón a corazón, utilizando el arma de los gestos. La ternura no se mide en porcentajes, estadísticas ni cifras, pero su huella tiene siempre un rostro”. Por eso, añadió, “os animo a crear vínculos, fuertes, sólidos, que nos cambien la vida, las ganas, que nos transformen, para que, confiados en Dios, podamos ser mejores, ayudar más, pensar más en los que nos rodean”.
 
Manuel Bretón instó a todos los presentes a “ser más valientes por los que más sufren, porque hay muchas personas que esperan mucho de nosotros, de nuestra capacidad de dialogo, de humildad, de ponernos en el lugar del otro sea el que sea y ejercer con él la ternura de la que nos habla el Papa”. 
 
“Ojalá seamos capaces de aportar nuestra persona, nuestro trabajo y nuestras decisiones para conseguir una sociedad `más vinculada´ y demos permanente testimonio del Evangelio, que siempre opta, por encima de todo, por los que menos tienen”, concluyó.
 
DECLARACIÓN FINAL
 
Acudimos a esta LXXVII Asamblea General de Cáritas con motivación renovada días después de haber celebrado en nuestras comunidades parroquiales y diocesanas el Día de la Caridad, una jornada en la que como los obispos señalan en su mensaje para la festividad del Corpus Christi, «la Eucaristía sin caridad se convierte en culto vacío, tantas veces denunciado en la Sagrada Escritura y por el Magisterio de la Iglesia». Y hemos reflexionado sobre cuáles están siendo nuestras respuestas a la llamada del Espíritu a convertir nuestras vidas en «una entrega creíble en todo momento a los ´heridos por la vida´ y a todos los necesitados de compasión».
 
Esta apelación a acompañar a los pobres y construir junto a ellos andamios de esperanza en un futuro más digno es el compromiso que, como servicio organizado de la caridad, inspira a la Confederación Cáritas tanto en España como en el resto del mundo a través de la labor de cooperación fraterna con todas las Cáritas de la red internacional.
 
Inspirados por el Evangelio de Jesús, el trabajo de discernimiento que los representantes de las Cáritas Diocesanas hemos realizado estos días ha proyectado luz sobre la realidad social en la que desarrollamos nuestro trabajo por la justicia. Juntos, hemos debatido acerca de cuáles son las estrategias presentes y futuras para mejorar nuestras respuestas a los retos de la misión que nos reclaman las situaciones de exclusión social en los territorios de frontera donde intervenimos miles de voluntarios y trabajadores de Cáritas, entre los que la presencia mayoritaria de mujeres dan cuenta de nuestra apuesta inequívoca por la igualdad. 
 
Nos comprometemos a seguir fortaleciendo este liderazgo femenino y a eliminar las barreras para el empoderamiento de todas las mujeres que hacen Cáritas, sin las cuales nuestra labor carecería de la profundidad humana que ellas aportan, junto a todos los agentes de nuestra institución, a los procesos de acompañamiento y escucha a los más vulnerables.
 
Este mismo empeño lo dirigimos a estimular dentro de Cáritas la participación de los jóvenes, quienes con su sensibilidad, entusiasmo y disponibilidad para el cambio tanto pueden aportar al anuncio en la sociedad actual de las Bienaventuranzas de los que sufren. 
 
Siguen siendo demasiados los síntomas de desigualdad que mantienen a casi una quinta parte la población española dentro de la exclusión social. Como alerta el reciente VIII Informe FOESSA, sobre cuyas constataciones hemos profundizado en la Asamblea, aunque es cierto que nuestro país ha conseguido reducir el espacio de la exclusión, su nivel se mantiene todavía por encima del existente antes de la crisis. Nos preocupa seriamente que, si bien el 48.5 por ciento de la población española está en situación de integración plena, el impacto de la pobreza y la precariedad sigue siendo muy elevado, sobre todo en los niveles de exclusión social más intensa. Es escandaloso que en España, la quinta economía de la Unión Europea, la exclusión social severa afecte a 1.8 millones de personas, tres veces más que en 2007. 
 
Alertamos sobre el creciente proceso de dualización y de erosión social en el ámbito de los derechos al que se asoma nuestro país, especialmente en lo que se refiere al acceso a la vivienda y la precariedad laboral, como sabemos de primera mano a través de nuestra red estatal de recursos y servicios en los que acompañamos a estoy apoyamos a estos “expulsados del bienestar”.
 
Alertamos de que una dinámica de crecimiento vuelva a instalarse en el imaginario colectivo y que se consolide un modelo de sociedad dividida entre quienes, por un lado, ven satisfechas plenamente todas sus necesidades y expectativas, y mejoran sus condiciones de vida; y, de otro, quienes afrontan el acceso a sus derechos básicos como un lujo o una dádiva. 
 
Urge reaccionar ante la pérdida del sentido comunitario, que se manifiesta en síntomas como cierta “fatiga de la solidaridad” que nos lleva a desentendernos de las situaciones de exclusión que se ocultan tras esa carrera de muchos hacia el tener, mientras no pocos se debaten en una lucha por satisfacer necesidades básicas como alimentarse, vestirse, dormir bajo techo, tener un trabajo decente o construir un futuro mejor para sus hijos.
 
Sólo a través de una reactivación del compromiso comunitario que rescate el proyecto ciudadano de construir, juntos, sociedad y de compartir tanto bienes como valores, podremos revertir este proceso de fragmentación social que avanza a costa del debilitamiento de los derechos humanos y la eclosión de actitudes de violencia, xenofobia o intolerancia contra los más débiles, especialmente las mujeres, los inmigrantes y las personas sin hogar.
 
Desde estas reflexiones, hacemos un cuádruple llamamiento para asumir, en lo personal y en lo comunitario, la cuota de responsabilidad social que nos corresponde en la construcción de soluciones y oportunidades:
 
- A toda la ciudadanía, a tomar conciencia de la dimensión real de la desigualdad que afecta a nuestros convecinos, a compartir la mirada de todos esos descartados a los que se refiere el papa Francisco y a reactivar el admirable compromiso de solidaridad, empatía y acogida que manifestamos durante los peores años de la última crisis.
- A nuestras comunidades cristianas, a vivir una fraternidad auténtica que sirva para superar los miedos y reticencias ante el otro, el extranjero y todos los expulsados, y a ser portadores de una esperanza alimentada por la fe en el Señor resucitado que contribuya a retejer el amor fraterno entre ese nosotros que somos toda la familia humana.
- A los sectores económicos, a liderar un modelo de economía verdaderamente social en el que los trabajadores y sus familias sean siempre la primera de las prioridades, y donde las estrategias de producción y crecimiento promuevan un modelo de ecología humana que contraponga a la cultura del consumismo y el paradigma tecnocrático una visión amigable y sostenible a la medida de la Casa común, del ser humano y de su dignidad.
- A los poderes públicos y agentes sociales, a que lideren el mandato genuino que han recibido del electorado de servir al bien común por encima de las luchas por el reparto de cuotas de poder o de endogamias territoriales y partidistas a las que asistimos estos días. El mejor servicio público que pueden prestar los titulares de los poderes públicos y los foros de toma de decisión es dar prioridad a la protección de los derechos sociales, al desarrollo económico integrador que genere empleo digno y a las políticas dirigidas a reducir la desigualdad.
 
Reiteramos la propuesta que plantea la campaña institucional de Cáritas para responder a la fatiga de la compasión “poniendo en marcha nuestro compromiso para mejorar el mundo”. Esta es la propuesta que nos exigen las personas que se quedan atrás: re-vincularnos para construir consensos dentro de un mosaico social de personas iguales y distintas, capaces de pensar en común alternativas justas y solidarias que hagan de la nuestra esa sociedad fraterna, libre y democrática donde todos seamos uno.