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El Centro Diocesano de Empleo celebra el Día Internacional de la Mujer

El Centro Diocesano de Empleo celebró el Día Internacional de la Mujer con las personas participantes de sus cursos en una jornada en la que estuvo llena de gestos y acciones encaminadas a reconocer la igualdad real entre hombres y mujeres. 
 

El Centro Diocesano de Empleo celebró el Día Internacional de la Mujer con las personas participantes de sus cursos en una jornada en la que estuvo llena de gestos y acciones encaminadas a reconocer la igualdad real entre hombres y mujeres. 
 

 
El día comenzó con una explicación por parte de los formadores y formadoras y educadores y educadoras del Centro del motivo de la celebración y de lo que se haría a lo largo de la jornada. Tras ella, las personas participantes se dividieron en grupos para trabajar una serie de temas y conceptos y en los que en muchos casos hay desconocimiento. Los temas tratados fueron:
 
  • Conceptos: feminismo, machismo, hembrismo, igualdad de género y discriminación positiva.
  • Trabajos feminizados, techo de cristal.
  • Brecha salarial (concepto) + desigualdad salarial.
  • Visibilidad de la mujer + equivalentes en hombres.
Durante la realización de la actividad, se fueron resolviendo todas las dudas que generaban los conceptos y temas y además, en los diferentes grupos se estuvo buscando material para realizar póster informativo que recogiera todo lo que las personas integrantes de cada grupo considerasen oportuno para su siguiente explicación con definiciones, datos y cifras reales.
 
Una vez realizado, cada grupo expuso su póster con las explicaciones acorde a la temática trabajada y su punto de vista, concluyendo con una puesta en común por parte del personal del Centro Diocesano de Empleo a modo de conclusión de la actividad. 
 
Fue el momento de pegar los carteles realizados por todo el Centro para darle una mayor visibilidad a la celebración de la jornada, finalizando con la lectura de un manifiesto elaborado para el Día Internacional de la Mujer. 
 
El manifiesto: 
 
Celebramos, una vez más, el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer. Estamos en un momento de la historia en que la economía se impone en el mundo del trabajo, lo que implica, entre otras cuestiones, que la precariedad y la pobreza siguen teniendo rostro de mujer. 
 
Es necesario un cambio en su organización y en la sociedad. En este proceso, las mujeres tenemos una oportunidad de hacer oír nuestra voz como uno de los colectivos más discriminados en la historia. 
 
Es cierto que se van observando algunos avances en la inclusión de valores de igualdad, pero todavía queda mucho camino por recorrer para superar la cultura patriarcal y de la rentabilidad económica, donde la mujer sufre las consecuencias y tiene poco que decir:
 
  • Las mujeres jóvenes, por la imposibilidad de acreditar experiencia profesional, son abocadas a trabajos en prácticas o de becarias, que les impiden tener planes de futuro y generar proyectos vitales.
  • Las mujeres mayores sobreviven con una pensión que apenas cubre sus necesidades básicas.
  • Las mujeres adultas se ven relegadas a contratos temporales, largos horarios de trabajo y sueldos más bajos. Además, en la mayoría de los casos, tienen que decidir entre un trabajo remunerado y el cuidado de menores, mayores y enfermos, junto con la atención del hogar. 
Hay que seguir luchando por una igualdad plena en todos los ámbitos de la vida, porque es la única manera de reconocer la dignidad de todas las personas y avanzar por caminos de justicia y humanidad. Necesitamos una valoración del trabajo reproductivo. 
 
El cuidado de la vida, tanto de las personas como de la madre tierra, debe estar equilibrado, repartido, retribuido e integrado en la sociedad. Debe formar parte de la educación para construir una sociedad más humana y más humanizadora. 
 
Es necesario que los gobiernos tomen conciencia de su papel en este cometido, con el cumplimiento de los planes de igualdad que no se queden en el papel, propiciando el acceso a un trabajo decente y haciendo posible la conciliación real de la vida familiar y laboral.
 
Como ciudadanas, reivindicamos nuestro derecho a ser visibles en la estructura social, a compartir espacios de formación y acción y participar plenamente y sin discriminación en la acción social. Tenemos que seguir impulsando testimonios de igualdad y favorecer un trabajo decente. Para eso es necesario ir avanzando en la igualdad integral de todas las mujeres y hombres que formamos la comunidad. 
 
Este 8 de marzo, Cáritas, unida a otras instituciones y movimientos de acción católica, reivindicamos la igualdad, visibilidad y dignidad de la mujer en el mundo obrero y del trabajo:
  • Con un trabajo decente, que dignifique y ponga en el centro a la persona.
  • Siendo una comunidad encarnada en el mundo del trabajo, sobre todo, entre las más desfavorecidas y empobrecidas, formando parte y alentando ese cambio que ya está en marcha.
Con ESPERANZA Y SOLIDARIDAD, nos unimos a movimientos y organizaciones feministas y sindicales, a los agentes sociales y a tantas personas en la lucha común hacia una igualdad integral.