Al encuentro
Diario, acontecimientos y relatos de inclusión social
Hay una ley de tráfico que nos obliga a pararnos cuando vemos un accidente en carretera para llamar, al menos, a los servicios de urgencia y que puedan intervenir sobre la situación. De no hacerlo nos pueden acusar de un delito de omisión de socorro. Esta ley se extiende a todos los ámbitos de la vida, de tal manera que además del sentimiento de solidaridad y de la ética personal, el derecho nos obliga a actuar.
Sin embargo últimamente nos estamos acostumbrando a que esta ley se viole, no ya por determinadas personas, sino por los propios gobiernos, que se niegan al socorro de personas en el mar, sin cuya ayuda están destinadas como tantas otras a morir. Se impide la salida de barcos de salvamento, que con dinero privado son ya casi los únicos que se dedican a estar atentos a los posibles naufragios en las rutas de llegada de inmigrantes. Y se amenaza a quien esto hace de estar colaborando con la trata de personas, con incentivar la inmigración ilegal, con facilitar la entrada a personas indocumentadas a las que nadie pregunta ya de dónde vienen ni de qué huyen. Decía algún partido político que esto es como poner un autobús con paradas a demanda. A nadie le importa si quien pide "la parada" se está jugando la vida. Con el más frio de los cinismos se ignora la situación de quien pide socorro.
Gran parte de esta labor la ha estado haciendo hasta ahora la asociación Caminando Fronteras, con Helena Maleno a la cabeza, que se ha visto acusada y juzgada por un delito de alta solidaridad, hasta que la imposibilidad de mostrar pruebas la ha dejado en libertad. Nos alegramos con ella y la animamos a seguir su labor. Y animamos a todos y todas los que creemos que este mundo todavía puede ser humano a arriesgarnos y ser sospechosos de ser gravemente solidarios... "porque de ellos es el Reino de los Cielos".

