Cáritas Diocesana

 

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Archivo de noticias • 01/01/80

"Yo me siento aquí como en mi casa"

El papa Francisco mantuvo ayer un encuentro con voluntarios y beneficiarios -entre ellos, un grupo de presos- de Cáritas de la archidiócesis de Cagliari, como parte de los actos correspondientes a la visita pastoral girada a Cerdeña. El Papa, que saludó a los asistentes confesando entre aplausos que se sentía allí "como en su casa", habló de la necesidad de la esperanza y exhortó a todos a servir a los pobres con humildad y hondura.

Archivo de noticias • 01/01/80
"Yo me siento aquí como en mi casa"

El papa Francisco mantuvo ayer un encuentro con voluntarios y beneficiarios -entre ellos, un grupo de presos- de Cáritas de la archidiócesis de Cagliari, como parte de los actos correspondientes a la visita pastoral girada a Cerdeña. El Papa, que saludó a los asistentes confesando entre aplausos que se sentía allí "como en su casa", habló de la necesidad de la esperanza y exhortó a todos a servir a los pobres con humildad y hondura.

En palabras fuera de guión subrayó: “Aquí sentimos de manera fuerte y concreta que somos todos hermanos. Aquí el único Padre es el Padre Celeste, y el único maestro es Jesucristo”. Y volviendo al mensaje escrito recordó: “La primera cosa que quiero compartir es esta alegría de tener a Jesús como Maestro”. Y les aconsejó: “Miremos hacia Él, esto nos da tanta fuerza, tanta consolación en nuestras fragilidades, en nuestras miserias y dificultades”. Porque “todos los que estamos aquí somos iguales delante del Padre”, y señaló que “Jesús decidió de hacerse hombre y como hombre hacerse siervo, hasta la morir en la cruz”. El papa precisó que esta es la vía del amor, y señaló que “la caridad no es asistencialismo” porque advirtió que eso “es hacer negocios”. Sobre la palabra solidaridad en esta cultura de lo descartable consideró “que corre el riesgo de ser borrada del vocabulario, porque da fastidio y en cambio nosotros decimos que este es el camino”. Y recordó que la humildad de Jesús fue real, porque eligió de estar con los pequeños, con los excluidos, con nosotros. Pero volvió a advertir: “Atención, no es una ideología”. El Santo Padre quiso subrayar también que “Jesús no vino al mundo para hacer un desfile, para hacerse ver”; y agradeció a Dios por el empeño de aquellos que quieren seguirlo, en particular los voluntarios, a quienes instó a “ realizar obras de misericordia con misericordia, y las de caridad con caridad, con ternura y siempre con humildad. “¿Saben?, a veces se encuentra arrogancia en el servir a los pobres” dijo, y “estoy seguro que ustedes lo han visto, la arrogancia de quienes saben que necesitamos de su servicio”. Y señalo que “algunos instrumentalizan a los pobres por intereses personales o del propio grupo. Sé que esto es humano ¡pero no está bien! Y digo más: esto es pecado, pecado grave, porque es usar a los que son carne de Jesús para su vanidad propia”, y concluyó el santo padre: “Sería mejor si estas personas se quedaran en su casa”. “Siguiendo a Cristo en la vía de la caridad sembramos la esperanza” dijo. Recordó que la sociedad italiana y en general, necesita esperanza, “y algunos miembros de ella deben empeñarse en el sector político que es una forma alta de caridad”. Matizó que como Iglesia existe una responsabilidad de colaborar con las instituciones públicas respetando las propias competencias. "No se dejen robar la esperanza", concluyó. También con la pastoral obrera: "No quiero ser un funcionario que viene a pedirles coraje" En el transcurso de la visita, Francisco ha mantenido también un encuentro con el mundo del trabajo y la pastoral obrera. Bajo la sombra de la crisis económica, el Papa escuchó emocionado los testimonios de víctimas del paro de larga duración, cooperativistas y agricultores, y quiso transmitir su cercanía a todos: "Con este encuentro quiero sobre todo expresar mi cercanía, especialmente a las situaciones de sufrimiento: a tantos jóvenes desocupados, a las personas sin subsidio de desempleo, precarios, empresarios, comerciantes, que tienen dificultad para salir adelante”. El Santo Padre, que recordó que "la falta el trabajo lleva a sentirse sin dignidad", denunció la idolatría del dinero: "Un sistema económico que tiene un ídolo que se llama dinero. Este sistema sin ética tiene un ídolo en el centro, se ha vuelto idólatra, manda el dinero". Coreado por gritos de "trabajo, trabajo, trabajo", Francisco manifestó: "Vuestros gritos -trabajo, trabajo, trabajo- son como una oración para llevar el pan a casa". Y continuó improvisando para decir: "Quiero pedirles coraje, pero soy consciente de que tengo que hacer todo lo que pueda para que esta palabra no sea sólo una palabra. No quiero ser un funcionario que viene a pedirles coraje". Y también: "Es fácil perdiles que no pierdan la esperanza, pero a quien tiene trabajo y a quien no les digo que no se dejen robar la esperanza. Como soplando sobre las brasas para que el fuego vuelva. La esperanza la hacemos todos, tenemos que sostenerla entre todos. La esperanza es una cosa vuestra y nuestra. Por eso repito, no se dejen robar la esperanza".




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