Nuestras noticias
En el mensaje, cuya reflexión pastoral sirve de marco a la convocatoria, el Papa bendice a los emigrantes y refugiados, reconociendo "el lugar especial que ocupan en el corazón de la Iglesia". En este sentido, el pontífice previene contra los recelos que produce el hecho migratorio, "antes incluso de conocer las circunstancias de persecución o de miseria de las personas afectadas", y exhorta a las comunidades cristianas a responder con "una globalización de la caridad", porque "Jesucristo -recuerda el Papa- espera siempre que lo reconozcamos en los emigrantes y en los desplazados, en los refugiados y en los exiliados, y nos llama a compartir nuestros recursos, y en ocasiones a renunciar a nuestro bienestar".
Francisco, que exhorta a las comunidades cristianas "a asumir nuevos compromisos de solidaridad, de comunión y de evangelización", reclama asismismo una "colaboración sistemática y efectiva de los Estados y las organizaciones internacionales" en la regulación eficaz del fenómeno migratorio, para "la humanización de las condiciones de los emigrantes" y para "la protección de la dignidad y la centralidad de la persona humana". "Al mismo tiempo -subraya-, es necesario intensificar los esfuerzos para crear las condiciones adecuadas para garantizar una progresiva disminución de las razones que llevan a pueblos enteros a dejar su patria a causa de guerras y carestías".
Instituida en 1914
La Jornada del Emigrante y del Refugiado, que celebra en 2015 su centésima primera convocatoria, fue instituida por el papa Pío X y se celebró por primera vez en 1914, bajo el pontificado de Benedicto XV. Desde entonces, la Iglesia, "peregrina en la tierra", celebra esta jornada como expresión de su vocación evangelizadora, misionera y universal ante la universalidad del hecho migratorio.

