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La jornada comenzó con la celebración eucarística, en la que el sacerdote aprovechó la ocasión para hacer referencia a las palabras del Papa Francisco. "Sis el tesoro de la sociedad. Una sociedad que no valora ni quiere a sus mayores, es una sociedad sin memoria". Juntos, cogidos de la mano y alrededor del altar, nuestros mayores acompañaron al sacerdote durante la consagración. Toda la misa fue una auténtica acción de gracias.
Tras ésta, los participantes ocuparon uno de los salones parroquiales donde algunos, con la espectante mirada de sus compañeros, se lanzaron a contar chistes, recitar poesía y hubo hasta quien se atrevión con una saeta.
El encuentro terminó después de comer. Disfrutaron, rieron, se emocionaron y dieron testimonio de que ser mayor no es ser viejo, es tener juventud y sabiduría acumuladas.
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