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A pesar de que tenía datos sobre la situación que se vive en el campamento, ningún informe ni documental puede igualar la sensación de devastación que una experimenta al tomar conciencia directa de las terribles condiciones de vida de la gente que lo habita. Los olores, los sonidos, la vista de los miles de frágiles y rudimentarios refugios y tiendas de campaña. La escasez de puntos de agua. Las más que limitadas condiciones higiénicas. Las restricciones impuestas por las autoridades francesas en el uso de las duchas, con seis minutos para entrar, quitarse la ropa, tomar la ducha, secarse, vestirse y salir...
Y, cuando una cree que ya lo ha visto todo, descubre algo más: las colas interminables...
Porque cuando vives en la jungla, tu principal ocupación es guardar cola. Tienes que hacer cola para todo: para comer, para obtener un ticket para las ducha, para acceder a la ducha, para ir al baño, para hacer un trámite o cualquier papeleo ante la administración.
Sin embargo, a pesar de la situación de pesadilla que padecen, me impactaron la generosidad y la humanidad con que muchas de esas personas me acogieron durante mi visita. Algunos se ofrecieron incluso a compartir su escasa comida conmigo. Todo el mundo quería darme la mano para agradecer el trabajo que Secours Catholique está realizado en el campo.
A pesar de que los refugios son rudimentarios, muchos migrantes han tratado de iluminarlos con dibujos y flores. En uno de ellos llegué a ver escrito un "CR7", apodo del famoso jugador de fútbol portugués Cristiano Ronaldo. Los niños son los mismos en todas partes.
El trabajo que está haciendo Secours Catholique en Calais es notable. No sólo trata de responder a las necesidades básicas de los migrantes (ropa, higiene...), sino también a las construcción de relaciones sociales y convivencia a través de un espacio dedicado en el centro de Calais. Un lugar seguro fuera del campamento donde sentirse acogidos, poder hablar, descansar, aprender algo de francés y disfrutar de actividades tales como películas, debates, etc... En este espacio de convivencia, una gran cantidad de migrantes actúan como voluntarios. Son ellos los que se encargan del jardín o ayudan a reparar bicicletas. Las bicicletas son realmente importantes en la vida de los migrantes en Calais: son la única posibilidad de moverse y de poder salir del campamento.
El personal de Cáritas Francia trabaja también en la prevención del tráfico de personas, cuyas redes atraen a sus víctimas potenciales mediante informaciones falsas sobre los sistemas de asilo en Europa. Secours Catholique ofrece información y asesora en varios idiomas.
La organización también acompaña a los solicitantes de asilo durante el procedimiento de solicitud de asilo, que es un proceso largo y complicado en Europa.
Durante mi visita, pude hablar con migrantes procedentes de Sudán, Eritrea y Afganistán. No teníamos idioma común, pero la comunicación fue posible con una mezcla de frances, inglés, italiano, señales, gestos, y buena voluntad. Nos contaron su vida y su viaje, historias aterradoras. Sin embargo, todavía tienen esperanza en el futuro. Tienen la esperanza y la confianza de que la UE les ayudará a superar la dura prueba que han sufrido, y de que van a ser capaces de reconstruir sus vidas aquí.
Nosotros también tenemos la esperanza de que, efectivamente, la UE esté a la altura de sus valores de solidaridad y humanidad. Y por eso vamos a seguir luchando para que las instituciones políticas europeas pongan a las personas en el centro de sus políticas.


[Marie Tempesta, para