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Es un complejo urbanístico que en forma de triángulo se halla embutido entre los barrios más modernos del Porvenir, el Juncal y el Polígono Sur. La zona oeste comenzó a urbanizarse con anterioridad a la guerra civil: de entonces datan las calles con casas de baja altura, coloreadas en blanco y ocre, que constituyen la parroquia hermana de Santa Genoveva. El resto de los terrenos estaba dedicado a pastos, especialmente en las semanas aledañas a la feria de ganado, y una parte de ellos se ocupó durante años con un campo de ejercicios militares, de lo que deriva el nombre del barrio, que en su origen fue denominado Nuestra Señora de las Mercedes. A lo largo de los años cuarenta y primeros cincuenta el amplio descampado se convirtió en un espacio urbanizado para familias trabajadoras, procedentes en general del mundo rural, con viviendas de uno o dos pisos cuya brillante blancura y zócalos rojos contrasta con el verdor de las hileras de naranjos de sus calles. En el periodo de la transición democrática muchos de estos edificios se fueron reformando y elevando y alrededor del ángulo norte se edificaron bloques más modernos y altos en las inmediaciones de Felipe II, en la avenida de la Paz y en el nuevo barrio de los Quinteros, en cuyo extremo norte diez residencias levantadas recientemente fueron bautizadas por la sorna hispalense con el nombre de “los Diez Mandamientos” por su parecido a las tablas mosaicas.
La parroquia fue creada en la mitad de los años sesenta, cuando la más antigua parroquia de Santa Genoveva ya no tuvo capacidad para acoger a la población creciente que día a día se instalaba en el barrio. Puesta bajo la protección del Santo Patrono del clero español, atiende a una población de unos siete mil habitantes, que en su núcleo central (Tiro de Línea) conforman un modelo social de clase trabajadora, y en los más modernos del norte una capa social media baja de profesionales y autónomos. Al menos durante la última década el problema fundamental ha sido y es el paro, abundante y en muchos casos sin ayuda alguna. Pero también son lacras que afectan en lo hondo a la comunidad vecinal la creciente proliferación de familias desvertebradas y monoparentales (mejor decir monoparentales), la dependencia de familias numerosas de la raquítica pensión del abuelo jubilado, el exceso de economía sumergida como forma de vida y trabajo, la demasiada dependencia del subvencionalismo y de la ayuda solidaria… La conflictividad es escasa y aunque no falta el comercio y consumo de drogas, no constituyen un problema que suscite alarma social. La presencia de inmigrantes magrebíes y americanos es minoritaria; y muy escasa la de ciudadanos del este europeo y de Asia o África negra. Su proceso de integración, aunque problemático en algunos casos y costumbres, en absoluto es conflictivo. Los servicios básicos educativos, sanitarios y sociales funcionan aceptablemente; y la colaboración de la Cáritas Parroquial con las instituciones que los dispensan es muy satisfactoria.
La población ligada permanentemente a la vida parroquial constituye aproximadamente un diez por ciento de la población del barrio, acrecentándose eventualmente con motivo de las festividades familiares y las dos romerías marianas, reduciéndose en círculos concéntricos de compromiso social, participación litúrgica, práctica pastoral… En la cotidianidad de la vida parroquial se produce de forma constante una relación de colaboración fraternal de los diferentes grupos de creyentes dedicados a la catequesis, liturgia, pastoral de salud, de mayores, de ayuda a la mujer, con las hermandades del Rocío-Sur y Nuestra Señora de los Ángeles de Alájar (cuya filial sevillana tiene su sede en la parroquia), con el incipiente coro… Todo ello bajo el impulso y discreta dirección de don José Cápitas, excelente cura y viejo compañero y amigo de muchos años en el instituto.
Desde el momento de su creación la parroquia contó con un equipo de voluntarios de Cáritas dedicados a la atención de la población más necesitada, que con el tiempo se ha ido renovando y adecuando a las circunstancias económicas y sociales del barrio. El actual ha sido testigo de las recientes dificulta-des originadas por la crisis económica. Está compuesto por algo más de media docena de miembros que se reparten fraternalmente el trabajo semanal y comparten formación, vida parroquial e ilusiones y esperanzas diarias. María José tiene la responsabilidad de la dirección, Juan es el tesorero y los demás llevan a cabo acogida, visitas de sensibilización, seguimiento…
En el rato que pasé con ellos en los inicios del verano pasado me reencontré con Javier, mi antiguo amigo y compañero, lo que llegó a producirme una cierta emoción al comprobar que al largo periodo compartido en los menesteres educativos añadíamos ahora el andar juntos en la lucha por la justicia. Porque es éste el propósito fundamental de este equipo de voluntarios parroquiales: llevar a la práctica en el día a día ese acertado lema de Cáritas a través de la promoción integral de las personas, la inserción en la vida social de los va-lores evangélicos de amor a los hermanos y, en definitiva, suscitar la apertura a la esperanza en quienes viven en las condiciones más problemáticas.
Dadas las circunstancias vividas por este tipo de barriadas en la última década, la acogida a familias o personas con necesidades muy perentorias se hace imprescindible y tarea principal. Acuden a ella mensualmente unas sesenta personas de las que la mitad vuelven otras veces más. Se trata en general de responsables familiares de entre treinta y cuarenta años, destacando las familias monoparentales y aquellas cuyos miembros se hallan en paro en su totalidad. En menor proporción acuden también familias de inmigrantes. Demandan ayudas de alimentación, ropa y calzado, alquiler u otros auxilios domésticos, ayuda para objetos de óptica, material escolar, higiene infantil. En festividades como Navidad se realizan campañas especiales de dulces, juguetes, alimentos especiales y otras ayudas de carácter lúdico. Para ello disponen de un modesto presupuesto (unos 20.000 euros anuales) que obtienen de colectas, campañas, donaciones esporádicas y aportaciones del Fondo Diocesano.
Desde hace varios años la Cáritas Parroquial proyectó un programa de atención primaria, evaluado positivamente por el Fondo Diocesano y renovado anualmente, gracias al cual se ha dado respuesta a muchas familias en su inserción laboral mediante el sufragio del permiso de conducir o de cursos de formación ocupacional. La precariedad alimenticia de muchas familias del barrio provocó que el equipo considerase que las experiencias de ayuda realizadas en la acogida semanal eran insuficientes, dado que el tipo de alimentos donados no resolvía la dieta equilibrada necesitada especial-mente por familias numerosas con niños pequeños. Por ello optaron por solicitar la colaboración del Mercado de Abastos del Tiro de Línea, una auténtica institución en el barrio. Aunque en estas mismas páginas se dio cuenta de esta experiencia, que dura ya más de dos años, creo conveniente su recuerdo por lo que pueda suponer de estímulo a otras cáritas parroquiales. Tras los necesarios contactos con la Asociación de Comerciantes del Mercado y comprobado su interés en colaborar, se expendió a las familias necesitadas un sistema de vales con los que las familias necesitadas podían adquirir los alimentos que necesitasen, cuidando naturalmente de su uso adecuado por medio de un cercano seguimiento. Esta libre disposición de la ayuda recibida permite a las familias responsabilizarse de la satisfacción de necesidades, desarrollar habilidades de administración doméstica, favoreciendo además la autoestima y la sociabilidad compartiendo la vida con los vecinos y, sobre todo, dando curso al valor de la dignidad de la persona al poder comprar en los espacios en que lo realizan las demás familias del barrio. Ante la aceptación de la experiencia se vienen realizando campañas de sensibilización en el propio mercado solicitando la ayuda de los vecinos.
Pero mucho más allá de la ayuda diaria, el objetivo esencial de este grupo de voluntarios comprometidos con la tarea eclesial más primaria es que la cáritas parroquial se constituya en el centro de solidaridad del barrio. Probablemente para muchos lo es ya. Ese es su camino de apertura a la esperanza para todos. Una esperanza que nos trasciende y que se proyecta en un mundo absolutamente nuevo.


La comunidad parroquial sevillana de san Juan de Ávila anuncia la Buena Nueva, testimonia su fe en Jesús, el Señor, y lleva a la práctica con silencioso celo el amor constante a los hermanos en un conocido rincón situado al sur de la ciudad: el barrio del Tiro de Línea.