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La autora ha querido resaltar varios elementos de su composición. Un azul predominante con el que identifica a María y la realeza divina, llenándolo todo de servicio y disposción al Señor, "abrazando al Hijo de Dios y al mundo", siendo, junto a San José, la Sagrada Familia, el mejor signo de unión del que nace el amor infinito, el que viene a AMAR así, con mayúsculas, incondicionalmente, a todos los hombres y mujeres de la Tierra".
Si hay algo que llama la atención es cada rostro impreciso. "Debemos ser capaces de ver a Dios en cada hombre y en cada mujer, sin espectativas. Sobre todo en aquellos que peor lo están pasando, los que más necesitan de nuestra caridad y acompañamiento; de la misma forma en la que nosotros estamos llamados a ser sus testigos, a ser para el otro un signo de Dios en su vida". Explica Soledad.
Las tarjetas tienen un formato de díptico cuadrado, y alberga el fragmento de Hebreos 13, 1-2 en su interior: “Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad: por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles”.

