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Archivo de noticias • 11/08/20

Reinventarse en verano para seguir educando

El Proyecto Maparra, de la Cáritas Parroquial Jesús Obrero, desarrolló su escuela de verano teniendo en cuenta todas las medidas de seguridad y sanitarias posibles. 
 
Archivo de noticias • 11/08/20
Reinventarse en verano para seguir educando
El Proyecto Maparra, de la Cáritas Parroquial Jesús Obrero, desarrolló su escuela de verano teniendo en cuenta todas las medidas de seguridad y sanitarias posibles. 
 

 
Con la incertidumbre de cómo volverán los centros escolares y educativos a partir de septiembre, lo que sí está claro es que la formación, tomando las medidas necesarias y adaptando las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, no puede parar para tantos niños y niñas y jóvenes que se encuentran en edad de ello sin excluir a nadie, por lo que tampoco hay que olvidar a los que pertenecen a familias más vulnerables. En este sentido, en la Cáritas Parroquial Jesús Obrero de La Oliva-Bellavista se desarrolla el proyecto Maparra y su actividad no ha cesado ni en las semanas en las que duró el confinamiento y fases de desescalada ni en verano en el que, tomando las medidas de seguridad y sanitarias pertinentes, se pudo desarrollar la escuela de verano 2020. 
 
La escuela de Verano del Proyecto Maparra se desarrolló durante tres intensas semanas (del 29 de junio al 17 de julio) en la Parroquia Jesús Obrero del Polígono Sur, donde participaron 50 niños y niñas, de los cuales la media de asistencia diaria estuvo en torno a 42, “lo que se puede considerar todo un éxito ya que la adaptación a los nuevos hábitos siempre es difícil”, destaca Alberto Herrero, responsable del Proyecto, que no olvida que “esto fue posible gracias al trabajo de unos 20 voluntarios y voluntarias fijos, personas que estuvieron ayudando desinteresadamente durante toda la escuela, y a otros 15 que participaron en distintas semanas de manera puntual”.
 
Durante las semanas en las que duró la escuela de verano, todo se desarrolló sin ningún problema debido a las medidas que se llevaron a cabo para evitar posibles contagios y propagación del COVID19. Así, como explica Alberto, las medidas tomadas se podían dividir en dos grandes líneas de acción:
 
- Higienización y reestructuración de espacios. La semana previa a que “nos dieran luz verde a la apertura de la escuela de verano, todas las clases fueron pintadas y fregadas con lejía reducida, mesas, sillas, azulejos etc… Las clases olían como nunca a pino”, comenta el responsable, que añade que “las clases estaban configuradas para un alumnado de diez personas por aula y durante la escuela tuvimos un máximo de 6”. Además, se elaboraron planos y se marcó en el suelo la distancia de seguridad, los niños y niñas tenían asignados sus sitios, y siempre se tenía en cuenta que si hubiera un posible contagio se podía actuar de la manera más certera sin alarmar ni que se diese el cierre total de la escuela. El lavado de manos se realizaba en tres turnos: a la entrada, al desayuno y a la vuelta a casa para ofrecer también protección a sus familias.
 
- La formativa. El comisionado del Polígono Sur, a través de los centros de salud, “nos facilitó la formación sobre el COVID19 y hemos sido nosotros los encargados de formar al voluntariado”. Por su parte, a los menores se les estuvo formando y estuvieron trabajando en el lavado de manos, la distancia de seguridad, aclaración de las dudas a través de sus miedos y “también se realizó un taller donde reforzamos los vínculos hacia la persona referente que los niños y niñas habían tenido en el confinamiento”.
 
En esta escuela de verano tan atípica también hubo lugar para las sorpresas que llegaron en forma de donación de tablets. Su introducción fue un atractivo más que se pudo aprovechar, entre otras cosas, para que los niños y niñas pudieran trabajar la asignatura de Inglés de forma online. Además, en el caso de que hubiera un nuevo confinamiento o no se pudiera desarrollar el curso escolar con normalidad, “la intención es prestarlas para que nuestros jóvenes no pierdan el curso y a la misma vez poder hacer un seguimiento”, explica Alberto, muy contento ya que esta donación en cuanto a ofrecer nuevas posibilidades para los niños y niñas “ha supuesto un hito a nivel parroquial en el Polígono Sur”.
 
Con todo y una vez que ha pasado tiempo desde que se desarrollase la escuela, Alberto cree que “era de debido cumplimiento volver a la batalla con nuestros niños y niñas ya que la educación formal estructura a los niños, además del vínculo que tenemos con nuestro voluntariado donde es necesario relacionarse en un tú a tú y no a través de videoconferencia siempre que sea posible”.
 
En estos días, el Proyecto disfruta de un pequeño descanso antes de volver a la actividad en septiembre si fuera posible. “Esa es nuestra intención, está todo preparado para retomar las actividades el 2 de septiembre con el inicio de búsqueda de voluntariado y primeras inscripciones de los chavales, para comenzar a lo más tardar la última de septiembre o la primera de octubre”, concluye Alberto, consciente de que el poder de cada persona es imprescindible para reducir las consecuencias que vaya dejando el COVID19, en este caso en materia educativa y de desarrollo de la infancia y juventud ya que cada gesto cuenta.
 
#ElPoderDeCadaPersona
#LaCaridadNoCierra
#CadaGestoCuenta



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