Cáritas Diocesana

 

Nuestras noticias

Archivo de noticias • 06/07/23

«Debemos acoger a las personas necesitadas como parte de nuestra familia»

Entrevista a monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla.
Entrevista a monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla.
Archivo de noticias • 06/07/23
«Debemos acoger a las personas necesitadas como parte de nuestra familia»
Entrevista a monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla.
Entrevista a monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla.

Texto: Joaquín Cano / Fotos: Macarena Pérez. Publicado en el Boletín informativo número 92
 
Con la subida por la escalinata que conduce a las dependencias episcopales se intensifica esa imponente atmósfera de gravedad tan propia de los lugares cardinales de gobierno, como es este. Sin embargo, su presión se disipa -o casi-, cuando, tras una brevísima espera, nos recibe don José Ángel, que se presenta afable, amable y directo. Durante la entrevista, al hilo de las respuestas, el arzobispo nos irá dando cuenta de lo que, precisamente hoy, se adivina como una jornada particularmente ajetreada: de nombramientos, de instrucciones pastorales, de teleconferencias… Repararemos en el trasiego a la salida, porque con nosotros se ha tomado su tiempo. «Los amigos de Cáritas», nos despide.

P./ Se han cumplido dos años de su episcopado. ¿Qué balance hace de su encuentro e integración en la comunidad diocesana y en la archidiócesis durante este tiempo?

R./ El balance es muy positivo. Me he sentido acogido con mucho cariño por el clero, por la vida consagrada, por el pueblo fiel y también por la sociedad civil de Sevilla. Con la intensidad de todo lo vivido, a veces me parece que llevo cinco años, en vez de dos. Y creo que el Señor bendice los trabajos de toda la familia diocesana con frutos que podemos ver. Hay puntos de mejora, obviamente, todos hemos de vivir en una actitud continua de conversión y de cambio, hemos de dar respuesta a los retos y a los desafíos que el mundo actual nos va presentando, pero en ese camino estamos.

P./ Este curso ha traído algunas novedades y reformas...

R./ Hemos reformado un poco la organización territorial en las dos vicarías de la ciudad, Sevilla 1 y Sevilla 2, que antes eran -una- el centro puro y -otra- la periferia. Me pareció que podía ser más enriquecedora una mayor heterogeneidad, como es la Iglesia, una familia heterogénea.... Pero, por encima de estas pequeñas reformas y de los pequeños ajustes y mejoras que hay que ir realizando, a mí me gusta apostar por la continuidad en todo lo que está funcionando bien. La novedad más relevante ha sido el nombramiento de dos obispos auxiliares, pero a ellos es el Santo Padre quien los nombra. Gracias a Dios han sido muy bien acogidos. Son dos buenas personas, competentes, con una gran actitud de servicio y de entrega. Yo ya los conocía de estos dos años, pero estos primeros pasos confirman que podremos trabajar muy bien en equipo con ellos, con el resto del Consejo Episcopal y con los colaboradores de todos los ámbitos de la diócesis.

P./ Este año se ha puesto en marcha su primer plan pastoral. ¿Qué pasos se han dado? ¿Se encuentra satisfecho?

R./ El Plan Pastoral General de la Iglesia ya está hecho: el Evangelio, el Catecismo, el Magisterio y el Código de Derecho Canónico; sobre todo, el Evangelio. Ese es el plan pastoral. Pero luego, en cada tiempo y en cada lugar hay que poner unas concreciones y

Los curas jóvenes, los seminaristas, los jóvenes laicos tienen que pasar por lugares donde poder conocer la vida real. Hay que ofrecer a los jóvenes espacios de colaboración e implicación.

estas son las que ponemos aquí. El Plan Pastoral Diocesano es para cinco años y tiene cuatro ámbitos que responden a la realidad de la Iglesia. La Tria Munera, que se dice, porque la Iglesia participa del sacerdocio, profetismo y realeza de Cristo. Profetismo es la Palabra. El sacerdocio es la celebración de los sacramentos, de los misterios de la fe, de la oración. Y la realeza es el servicio, porque Cristo, que es Rey del Universo, reina dando la vida en la cruz. Por lo tanto, los que vivimos esa realeza la participamos sirviendo a los demás. Y hay un cuarto bloque que es la comunión, la corresponsabilidad, la sinodalidad. En cada uno de estos cuatro ámbitos hemos puestos cinco acciones, una para cada año. Son acciones formuladas de una manera concreta, realizable y evaluable para que se lleven a cabo. Al final del primer curso hemos evaluado las cuatro acciones que correspondían a este curso. Y así haremos cada curso. Sí que tengo esperanza de que podamos ir trabajando el plan. Ahí se trata de trabajar todos con la mejor voluntad posible. Con mucha paciencia y esperanza.

P./ Entre otros, el plan plantea el reto de ofrecer a los jóvenes servicios específicos de participación e incorporación dentro de la pastoral social. Me gustaría preguntarle por esto, que da la impresión de ser una asignatura particularmente complicada.

R./ Como sacerdote me ha tocado siempre trabajar bastante en la pastoral juvenil y en la pastoral universitaria; y creo que, en general, los jóvenes tienen un corazón solidario, los más creyentes y otros menos creyentes también. En la Universidad Autónoma de Barcelona, siendo el responsable de pastoral, las iniciativas que tenían más respuesta eran las iniciativas de solidaridad, ya fuera en el Tercer Mundo, ya fuera más cerca de casa. Creo que a los jóvenes hay que ofrecerles espacios de colaboración y de trabajo para que se impliquen. Esto, además, es muy educativo. Recuerdo las veces que he ido a Lourdes, que es la vida real, una escuela de vida donde hay sufrimiento, y dificultades, y lucha, y colaboración, y compartir, y amor mutuo... Eso es la vida real. Como lo son también Las Tres Mil o Los Pajaritos. Los curas jóvenes, los seminaristas, los jóvenes laicos tienen que pasar por aquí. Con «por aquí» quiero decir por lugares semejantes donde poder conocer la vida real.

Los curas jóvenes, los seminaristas, los jóvenes laicos tienen que pasar por lugares donde poder conocer la vida real. Hay que ofrecer a los jóvenes espacios de colaboración e implicación.

P./ Se ha referido a Las Tres Mil y Los Pajaritos, que de nuevo aparecen entre los barrios más pobres de España. Hace pocos días, en la presentación de la Memoria de Cáritas, donde se alertaba de esta «pobreza persistente», usted manifestaba su protesta ante este estado de cosas...

R./ Sería muy grave quedarnos tranquilos de conciencia, decir «Esa realidad está ahí, es injusta, crea sufrimiento en muchas personas, pero forma parte del skyline de Sevilla y ya está».

Sería muy grave quedarnos tranquilos de conciencia ante las situaciones persistentes de pobreza en nuestra diócesis.

Sería muy grave quedarnos tranquilos de conciencia ante las situaciones persistentes de pobreza en nuestra diócesis.

En ese conformismo no podemos caer. Estas realidades han de golpearnos la conciencia y la puerta del corazón. Y para eso hacen falta personas e instituciones que nos las recuerden. En ese sentido, en la tarea de Cáritas hay también un nivel de sensibilización y denuncia. Esto hay que ejercerlo con toda la pedagogía y toda la delicadeza del mundo, pero a la vez con toda la contundencia y con toda la fuerza, porque no podemos acostumbrarnos a esto. También creo, como he dicho otras veces, que los responsables de las administraciones quieren resolver estas situaciones... ¡Claro que quieren! ¡cómo no van a querer! Pero el problema es un problema muy grande, muy profundo, muy complejo.
Rememorando la devoción del Papa por Nuestra Señora que Desata los Nudos, ahí hay unos nudos que hay que desatar y no son fáciles de desatar... La Iglesia, Cáritas, las oenegés cristianas y laicas, la sociedad civil.., todos tenemos que trabajar. Pero después las instituciones y las administraciones, que son las que tienen los recursos, también tienen que aplicarse a fondo y sin partidismos.

P./ ¿Qué impresión pastoral ha recibido en su visita a estas parroquias?

R./ La situación es difícil, es cruda, es dura. Pero frente a los problemas, he visto y me he encontrado con gente esperanzada, y eso es importante. En estos lugares he tenido momentos de encuentro y reuniones con las fuerzas vivas de allí, con las parroquias y he percibido en sus rostros que trabajan esperanzados, esperanza. Y eso es muy importante porque, mientras no se pierda la esperanza, la situación puede cambiar.

P./ Una de las novedades en la organización del gobierno diocesano ha sido la creación este curso de la Vicaría de Pastoral Social. ¿Qué se persigue con esta vicaría?

R./ Por un lado, la intención de crear esta vicaría es la de procurar una mayor y mejor coordinación entre las partes de la pastoral social. Pero en la elevación de una delegación a rango de vicaría episcopal, hay también un mensaje, que es el de la relevancia que le concedemos a este ámbito y a esta acción en el momento presente y en el marco de la triple misión de la Iglesia.

P./ Usted atesora una dilatada experiencia episcopal. En la perspectiva de esa trayectoria pastoral, ¿cómo diría que es la Cáritas Diocesana que se ha encontrado en Sevilla?

R./ En Barcelona, Cáritas es una realidad inmensa y allí también conocí grandes bolsas de pobreza. En Terrassa, una diócesis nueva

Para el presente y para el futuro, la línea más importante es la identidad, pero creo que aquí en Sevilla eso se tiene claro.

, grande en número de habitantes pero más pequeña territorialmente, tuvimos que crearla, hubo que iniciar todo y fue una experiencia muy bonita. Sevilla vuelve a ser de nuevo una realidad inmensa. Creo que aquí la pastoral social en general y Cáritas en particular llevan a cabo una misión impresionante, muy eficaz, muy rica, y van dando respuesta a las situaciones de pobreza, aunque lógicamente no se puede alcanzar todo. Mi valoración es muy positiva. Os animo a seguir adelante y a apuntar a una cuarta dimensión que sumar a las de la atención, la promoción y la denuncia: a abrir nuestras casas y nuestros corazones a los pobres, y no me refiero solo al nivel material, sino al nivel pastoral, espiritual y personal, a acogerlos en casa como parte de la familia, es decir, tomándolos, tratándolos y queriéndolos como hermanos. Esa es una línea de trabajo que hemos de ir inculcando en todos los fieles, pero particularmente en quienes trabajan en este ámbito de Cáritas y colaboran como voluntarios.

 

«El obispo del Twitter»

En algún momento, fuera del meollo de la entrevista, no nos resistimos a preguntar al arzobispo por el mundo tecnológico y digital, al que se refiere en su carta pastoral de Adviento como una parte inevitable «de la vida física, individual y social». De hecho, don José Ángel lleva diez años ganándose la fama de «obispo del Twitter», en el que se inició después de recibir junto a otros obispos un cursillo sobre las redes sociales de entonces. «Coincidió -nos cuenta- con que el entonces papa Benedicto XVI, tan profundo, tan serio y tan intelectual, abrió una cuenta de Twitter...Y yo dije: ¡Hombre!»

Previene contra «los sitios desaconsejables», contra la pérdida de tiempo y sobre el riesgo de extraviarse «en la inmensísima biblioteca que es Internet». Advierte contra el narcisismo y la autorreferencialidad. Y recalca que nunca ha hecho una foto ni un vídeo con su teléfono. Sin embargo, ve importante dedicar algo de tiempo a comunicar «las cosas más significativas, una frase del Evangelio, un pensamiento en un momento de oración, una celebración especial o si voy a un sitio». Y cree necesario usar los medios digitales para comunicar la acción caritativa y social de la Iglesia, «sabiendo que todo es por la gracia de Dios, pero explicando las cosas para que iluminen y muevan a otros». «Yo creo que las nuevas tecnologías son inevitables. Nuestro Señor hablaba en parábolas porque en su época era así como se explicaban las verdades del Reino. San Pablo fue al Areópago, porque era allí donde se explicaban las ideas.

«Las nuevas tecnologías son inevitables. Nuestro Señor hablaba en parábolas porque en su época era así como se explicaban las verdades del Reino. San Pablo fue al Areópago, porque era allí donde se explicaban las ideas. Yo creo que San Pablo utilizaría hoy las nuevas tecnologías».

P./ Cáritas Diocesana está abordando un proceso de reflexión sobre los retos institucionales para los próximos años. ¿Alguna orientación o instrucción en especial?

R./ Para el presente y para el futuro, yo diría que la línea importante es la identidad, pero creo que aquí en Sevilla eso se tiene claro. Es el amor de Dios el que nos lleva a sentirnos hermanos de todos y especialmente de los más necesitados. A mí me gusta decir que la acción caritativa y social de la Iglesia es hacer presente el amor de Dios en medio de los hombres, en medio de las personas. Cuando se solucione un día la pobreza material, en nuestra sociedad tan avanzada y tecnológica persistirán y surgirán otras formas de pobreza, como es ya, por ejemplo, la soledad de las personas mayores. También en esas realidades hemos de hacer presentes la vivencia de la fraternidad y la amistad cristianas. Sabes que Cristo está presente en la Eucaristía, pero también está presente en el hermano necesitado, porque nos lo dice en la Parábola del Juicio Final: «Lo que hicisteis a cada uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis». Y eso es una forma de crear unas relaciones nuevas y un mundo nuevo. Entonces, por un lado, esa identidad cristiana. Después, claro, que se trabaje con mucha eficacia, porque no estamos tratando con objetos, sino con personas que son hijas de Dios. Y luego, también, crecer en ese camino sinodal que el Papa nos marca. ¿Qué quiere decir esto de la sinodalidad? Nada extraño: quiere decir que hemos de vivir nuestro trabajo de acción caritativa y social desde la comunión eclesial, en unidad y en camino, porque somos Iglesia peregrina. Esa es la sinodalidad.

Para el presente y para el futuro, la línea más importante es la identidad, pero creo que aquí en Sevilla eso se tiene claro.

«El obispo del Twitter»

En algún momento, fuera del meollo de la entrevista, no nos resistimos a preguntar al arzobispo por el mundo tecnológico y digital, al que se refiere en su carta pastoral de Adviento como una parte inevitable «de la vida física, individual y social». De hecho, don José Ángel lleva diez años ganándose la fama de «obispo del Twitter», en el que se inició después de recibir junto a otros obispos un cursillo sobre las redes sociales de entonces. «Coincidió -nos cuenta- con que el entonces papa Benedicto XVI, tan profundo, tan serio y tan intelectual, abrió una cuenta de Twitter...Y yo dije: ¡Hombre!»

Previene contra «los sitios desaconsejables», contra la pérdida de tiempo y sobre el riesgo de extraviarse «en la inmensísima biblioteca que es Internet». Advierte contra el narcisismo y la autorreferencialidad. Y recalca que nunca ha hecho una foto ni un vídeo con su teléfono. Sin embargo, ve importante dedicar algo de tiempo a comunicar «las cosas más significativas, una frase del Evangelio, un pensamiento en un momento de oración, una celebración especial o si voy a un sitio». Y cree necesario usar los medios digitales para comunicar la acción caritativa y social de la Iglesia, «sabiendo que todo es por la gracia de Dios, pero explicando las cosas para que iluminen y muevan a otros». «Yo creo que las nuevas tecnologías son inevitables. Nuestro Señor hablaba en parábolas porque en su época era así como se explicaban las verdades del Reino. San Pablo fue al Areópago, porque era allí donde se explicaban las ideas.

«Las nuevas tecnologías son inevitables. Nuestro Señor hablaba en parábolas porque en su época era así como se explicaban las verdades del Reino. San Pablo fue al Areópago, porque era allí donde se explicaban las ideas. Yo creo que San Pablo utilizaría hoy las nuevas tecnologías».




Preferencias de los usuarios sobre cookies
Usamos cookies para asegurar la mejor experiencia de navegación. Si rechaza su uso, el sitio podría no funcionar correctamente.
Aceptar
Rechazar
Leer más
Analíticas y publicitarias
Google Analytics
Mide automáticamente las interacciones en el contenido del sitio, además de las vistas de página.
Aceptar
Rechazar
Guardar