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“Para los cristianos, el voluntariado no es sencillamente una expresión de buena voluntad. Se basa en su experiencia personal de Cristo”, afirmó, añadiendo que la gracia “nos ayuda a descubrir dentro de nosotros el deseo humano de solidaridad y la fundamental vocación al amor”. Señaló que, gracias a este servicio de caridad, “nos convertimos en instrumentos visibles del amor de Cristo en un mundo que anhela ese amor en medio de la pobreza, la soledad, la marginación y la ignorancia que nos rodea”. “Desde luego, el voluntariado católico no puede responder a todas esas necesidades, pero no debemos desanimarnos”, exhortó el pontífice. Recordó que el deber de las autoridades públicas “es constatar y apreciar vuestra aportación sin manipularla, vuestro papel como cristianos es ser parte activa en la vida de la sociedad, intentando hacerla más humana y caracterizada cada vez más por la libertad, la justicia y la solidaridad verdaderas”. Benedicto XVI recordó que este encuentro coincidía con la memoria litúrgica de san Martín de Tours, considerado modelo de caridad en Europa y en todo el mundo. “En nuestra época, el voluntariado como servicio de caridad ha pasado a ser un elemento universalmente reconocido de la cultura actual. Sin embargo, --afirmó el santo padre- sus orígenes pueden verse en el interés cristiano por salvaguardar, sin discriminación, la dignidad de la persona creada a imagen y semejanza de Dios. Si esas raíces espirituales se niegan o se esconden y el criterio de nuestra colaboración pasa a ser puramente utilitario, la característica del servicio que prestáis corre el peligro de perderse, en detrimento de la entera sociedad” Información ofrecida por Zenit.

