Nuestras noticias
Cada uno de nosotros, personalmente o por medio de nuestros padres y padrinos, pedimos a la Iglesia ser bautizados, para ser acogidos en su seno. En este día, podemos nuevamente repetir con el profeta Isaías: «El Señor me eligió, desde el seno de mi madre como hijo suyo»; porque cada uno de nosotros somos un don precioso del Señor, el cual se ha reservado para sí nuestro corazón, para poder colmarlo de su amor. Por el sacramento del Bautismo fuimos consagrados y llamados a seguir a Jesús, mediante la realización de nuestra vocación personal, según el particular designio de amor que el Padre tiene pensado para cada uno de nosotros; meta de esta peregrinación terrena será la plena comunión con él en la felicidad eterna. Da gracias al Espíritu Santo por tu bautismo y no eches en saco roto el regalo tan grande que has recibido.

