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En el documento, titulado “Ante la crisis, solidaridad”, los obispos manifiestan su temor ante la posibilidad de que la “crisis no haya tocado fondo todavía”; y alertan de las “situaciones personales y familiares concretas de gran sufrimiento” que el carácter persistente de ésta, así como las medidas “preventivas o correctoras” que se están adoptando, están provocando. Así, junto a una llamada al civismo y a la solidaridad frente “a la tensión social que crece”, los obispos exhortan “a las autoridades a velar por que los costes de la crisis no recaigan sobre los más débiles” y a prestar una especial atención a los inmigrantes. El documento, que fue presentado el pasado jueves por el portavoz de la CEE, monseñor Martínez Camino, es una invitación “a la fe, la caridad y la esperanza” mediante la que se abordan los aspectos de la situación económica, social y política del país que más preocupan a los prelados. En este sentido, las palabras de los obispos son una invitación a la fe, “es decir, a descubrir la verdad sobre el hombre y al coraje para acogerla y afrontarla; a la conversión, es decir, a apartarse de los ídolos de la ambición egoísta y de la codicia que corrompen la vida de las personas y de los pueblos”. Como invitación a la caridad, la declaración recuerda tanto la labor de Cáritas, “forma institucional oficial de la Iglesia”, como la de otras “muchas beneméritas instituciones eclesiales de ayuda”; y agradece la generosidad y la solidaridad “de los voluntarios y donantes que las sustentan”. Sin embargo, los obispos expresan también su preocupación ante “los sentimientos de desafección y rechazo”, que afectan “con mayor intensidad a los jóvenes”, como reacción ante “instituciones sociales y políticas que no han sido capaces de ordenar la vida en común de un modo verdaderamente justo y humano”. En este sentido, previenen del peligro de que se instrumentalice “el malestar social y político como excusa para la promoción de intereses políticos o económicos particulares, a costa del interés general”. Los obispos, que recuerdan que “la comunidad cristiana quiere y debe ser signo de esperanza”, inciden asimismo en la oportunidad que puede suponer la crisis para transformar "nuestras costumbres y adoptar un estilo de vida más responsable del bien de la familia, de los vecinos y de la comunidad política”. En el documento los obispos se refieren también de forma destacada a las “familias que no pueden hacer frente al pago de sus viviendas”, para quienes reclaman “signos de esperanza”. “Es urgente –apremian- encontrar soluciones que les permitan, como se ha hecho con otras instituciones sociales, hacer frente a sus deudas sin tener que verse en la calle”. Y añaden: “No es justo que, en una situación como la presente, resulte tan gravemente comprometido el ejercicio del derecho básico de una familia a disponer de una vivienda”.

