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Renunciando a la tradicional cena de Nochebuena plácidamente reunidos en torno a una mesa y al calor de los suyos, estos amigos nos han dado a todos una ejemplar lección de cristianismo organizando una especialísima cena de Nochebuena para los hermanos que esa noche se encontrasen solos o sin recursos para disfrutar una noche diferente a las del resto del año. Además, prepararon la cena a quienes por distintas circunstancias no pudieron acudir al restaurante para que otros voluntarios se la acercasen a casa. La familia Trigo no sólo puso su establecimiento al servicio de sus convidados, sino que aportaron también las viandas servidas durante la noche, el trabajo de sus manos y el entusiasmo de sus corazones. Los invitados -algunos de los cuales acudieron con cierto recelo por tratarse de una reunión entre desconocidos- admitieron haber pasado una inolvidable noche de Navidad “en familia”. Sabemos que Jesús recomendó no pregonar las buenas obras. Tenía razón. No hace falta. El buen ejemplo es el mejor altavoz posible. [Texto: Lale González-Cotta]

