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Fernando García Carrera, sesenta y seis años, casado, un hijo, trianero de El Tardón, hermano de San Gonzalo, Los Gitanos, Pasión y Muerte y la Virgen del Carmen del Puente de Triana. Este sevillista, empleado jubilado de caja de ahorros y banca, es, desde hace una década, voluntario en los Servicios Generales de Cáritas Diocesana de Sevilla, donde colabora en tareas de orientación y asesoramiento en materia de Seguridad Social. Fernando, un tipo afabilidad y amabilidad características, ha protagonizado recientemente la primera participación de un voluntario de nuestra Cáritas en un programa internacional de Cáritas Española, realizada a través del Área de Cooperación Fraterna de Cáritas Diocesana. A su regreso, hemos querido charlar con él para que nos cuente cómo ha sido lo vivido y, también, de su experiencia de voluntariado.
-Trianero y cofrade.
Si, desde niño he vivido la fe y la Iglesia a través de mi hermandad de San Gonzalo. Yo soy de El Tardón y, desde niño, aunque no me corresponda por mi domicilio, en San Gonzalo he tenido mi parroquia y a mi párroco.
-¿Cómo se inicia tu relación con el mundo del voluntariado?
Me inicié en la Plataforma de Voluntariado de Sevilla en 2007, a través de la Fundación Cajasol. Al estar trabajando, realizaba servicios concretos y puntuales en distintas organizaciones: Sevilla Acoge, Asociación de Padres de Niños con Cáncer...
-¿Y con Cáritas?
En 2012, cuando me prejubilé, tenía claro que me iba a dedicar al voluntariado y mi primera opción era Cáritas. En verdad era una opción de un calado muy personal. Mi padre nos abandonó cuando yo tenía siete años y mis hermanos entre diez y cinco. Mi madre se quedó sola, con cuatro hijos, sin luz, sin dinero, sin comida y con una carta de desahucio por parte del Instituto Nacional de la Vivienda. Mi madre se puso a trabajar limpiando escaleras y Cáritas, siendo párroco de San Joaquín don Javier Pérez Mantero, la ayudó a saldar la deuda a y salvar el piso donde, con casi noventa y siete años, sigue viviendo todavía. Así que yo tenía una deuda histórica y personal con Cáritas de Sevilla y no podía dedicar mi tiempo a ninguna otra institución benéfica
-Y te incorporaste a los Servicios Generales.
Si, a través de Félix Quijada. Yo propuse una idea que tenía en mente: un servicio de asesoramiento y ayuda en temas burocráticos. Por una parte, en mi trabajo llevaba los temas de Seguridad Social, jubilaciones, maternidades, incapacidades. Por otro, era consciente de las dificultades que muchas personas tienen para entender y resolver cuestiones relacionadas con el «papeleo». Hay personas que se ponen nerviosas sólo con recibir una carta con un anagrama oficial. Así que dije: «Bueno, entre lo poco que sé hacer, esto puedo ponerlo al servicio de los demás». Pareció bien y llevo más de diez años con este servicio.
-Lo que haces es...
Orientación sobre Seguridad Social, Hacienda, problemas con organismos públicos, deudas, reclamaciones, solicitudes de prestaciones, Ingreso Mínimo y temas de este tipo, siempre a través del Departamento de Territorios, quien realiza la mayoría de las derivaciones.
-¿Qué te ha aportado Cáritas, Fernando?
Por una parte, la satisfacción de poder ayudar a los demás o, al menos, intentarlo, porque no siempre se consigue solucionar los problemas. Pero, además, me da la oportunidad de convivir con una gran familia en la que me siento cómodo desde el día que llegué, hace ya más de una década, y a la que seguiré vinculo mientras pueda.
-Llevabas ya mucho tiempo detrás de un voluntariado «internacional» de este tipo.
Pues sí, llevaba muchos años queriendo hacer esto. Lo intenté hace un par de años con otra organización religiosa, pero se dilataba en el tiempo. Y en el mes de abril recibí una llamada de Marian, de los Servicios Generales, ofreciéndome esta oportunidad que se presentaba tras acogerse el Área de Cooperación Fraterna de Cáritas Diocesana de Sevilla al Programa de Voluntariado Internacional de Cáritas Española, Ha sido la primera experiencia de «corta estancia» que se ha realizado. Todo ha estado muy bien organizado, con personas de confianza por las que me he dejado aconsejar, asesorar y acompañar en todo momento.
-Cuéntanos dónde has estado y qué es lo que has hecho.
He estado dos meses en Potosí, Bolivia, colaborando con el programa Casa Nat`s (Niños, niñas y adolescentes trabajadores) de Pastoral Social de Cáritas de Potosí. Este proyecto está dirigido por el padre Marco Abascal y se orienta al acompañamiento de menores para su cuidado, la mejora de su educación y la prevención de la explotación laboral de la infancia. El proyecto tiene grupos en distintos lugares.
-Niños, niñas, adolescentes trabajadores, explotación infantil...
En Bolivia está generalizado el trabajo de menores. Resulta chocante para nosotros y uno se pregunta cómo se puede permitir. Ha habido avances sociales y legislativos en los últimos años en la línea de las demandas de la Organización Internacional del Trabajo y otros organismos de derechos de la infancia, pero es una realidad, en cierto modo aceptada y normalizada, incluso por los propios menores, que se sienten orgullosos de poder trabajar para mantener a sus familias y asegurarse un futuro. Ya me avisaron en su día de que no podíamos ir con la idea de acabar con el trabajo infantil, porque todo era mucho más complejo de lo que a nosotros nos parece desde nuestras concepciones. Actualmente, en Bolivia está prohibido el trabajo para menores de catorce años, pero existen posiciones tanto erradicadoras como legalizadoras, cada una con sus razones. La verdad es que no lo entendí hasta que llegué allí. Ves que los niños trabajan en muchos sitios: panaderías, venta ambulante y hasta en las minas. Ellos se ven como responsables de sus familias y quieren continuar trabajando, convencidos y orgullosos de que eso es lo que deben hacer. Y hay asociaciones de niños trabajadores que reclaman leyes que los protejan de la explotación y del abuso laboral, no que los ilegalicen.
-¿Y el proyecto de Cáritas?
El proyecto cuenta con un modelo de acción social y caritativa adaptado a estos niños. Cáritas es consciente de su situación, no sólo porque sean trabajadores, sino por muchas circunstancias que llevan a situaciones de privación y de vulneración de sus derechos. Esto, principalmente, es uno de los motivos de crear este proyecto encaminado a la protección y acogida de estos menores. Aquí encuentran un lugar de descanso, escucha y respeto en el que se abarcan varias áreas: la alimentación, educación, promoción y autonomía. El proyecto cuenta también con una escuela de padres y madres. Destacablemente, son las madres las que sostienen la atención y educación de estos niños.
-¿Quiénes viven en la Casa Nat´s?
En realidad, la Casa es un centro de día al que acuden, aproximadamente, sesenta niños, pero no viven allí. La cocinera y su familia son los únicos que tienen en ella su residencia. El personal lo forman el padre Marco, la coordinadora, cuatro técnicos, la cocinera, una profesora dedicada a ayudar a los niños y adolescentes a hacer sus tareas escolares, y otros voluntarios y allegados al proyecto.
-¿Qué has hecho allí?
Hemos colaborado en el proyecto y ayudado en las tareas de acompañamiento a los menores y adolescentes. También colaboramos visitando colegios, dando charlas sobre varios temas, participando en la escuela de padres y madres, en ferias y mercadillos, y en cuantas tareas nos ha encomendado la Cáritas local.
-¿Cómo es la Cáritas de Potosí?
Es muy distinta a las que conocemos nosotros. Pastoral Social de Cáritas de Potosí tiene tres centros: la sede, la Casa Nat`s y Yashay Mosoj. No existen las Cáritas parroquiales, aunque al padre Marco las tiene en proyecto de futuro. Del personal sorprende la dedicación absoluta y su tremenda capacidad de trabajo.
-¿Qué situación social te has encontrado?
En general, tenía cierta información sobre la situación del país, las condiciones laborales, sociales, sanitarias... Y lo que he encontrado es una situación mala y hasta un poco peor de lo que me imaginaba. Pero como le dije un día al padre Marco y a los compañeros, esta generación de adolescentes es un motivo de esperanza y yo presiento que mejorará y cambiará el país: preparados, trabajadores, estudiantes, comprometidos, formando parte de los comités de defensa de los derechos de la infancia, encargándose de denunciar, en cada escuela, todas las violaciones de derechos de los niños y niñas. Lo presiento, lo espero y lo deseo.
-¿Y humana?
La gente boliviana es acogedora, amable, agradecida y muy respetuosa, pese a la grave situación de carencia y privación que lamentablemente padecen muchos de ellos. Los niños son los más agradecidos que he conocido en mis sesenta y seis años. Es fácil quererlos.
-¿Cómo ha sido el proceso organizativo?
Tuvimos una formación a finales de junio y principios de julio. Esta ha sido una experiencia compartida con Txell, compañera de Cáritas de Lleida. Marian y Sonia han sido nuestras respectivas referentes, nuestros ángeles de la guarda. La organización está guiada por el Programa de Voluntariado Internacional de Cáritas Española. Las condiciones eran participar de la formación organizada por Caritas Española, con el compromiso de colaborar a la vuelta en tareas de sensibilización, tanto con Cáritas Española como con Cáritas Diocesana. Hemos tenido en todo momento acompañamiento, tanto del personal local en Potosí como de Caritas Española y de nuestras referentes en las diocesanas. Hemos tenido varias reuniones online para realizar un seguimiento exhaustivo en todos los aspectos: certificados médicos, control de equipaje, información de país destino...
-¿Hay un antes y un después para ti? ¿Qué es lo que has encontrado?
Cuando estuvimos en Madrid, en julio pasado, Enrique nos preguntó quiénes queríamos ser en Bolivia. Recuerdo que le contesté que quería ser yo mismo en mis circunstancias de allí, pero que lo que me preocupaba era quién iba a ser cuando volviera. Viviendo una experiencia de este tipo es inevitable que se marquen un antes y un después en la vida de quien la experimenta. He encontrado muchas cosas, pero, sobre todo, mucho amor. Desprendido de la forma más natural y desinteresada posible. La mayor y mejor lección de humildad que una persona pueda recibir. Y yo he tenido el privilegio de ser alumno de esta clase.
-¿Qué te traes de Bolivia?
El trato que hemos recibido de Cáritas Potosí ha sido magnífico: del padre Marco, los coordinadores, técnicos y demás personal, siempre atentos y pendientes de nosotros. Hay momentos duros, porque es duro encontrarse con algunas situaciones de personas, de menores, de familias... Traigo momentos de alegrías y de tristezas, una escala de valores alteradas, muchos y buenos amigos… Pero lo más importante para mí han sido las lecciones de humildad y cariño de unos niños que lo dan todo cuando apenas reciben nada.
-¿Continúa todo esto de alguna manera?
Si, ahora llega la etapa de sensibilización. Sería absurdo hacer un viaje como éste y no transmitir a los demás lo que has encontrado y vivido. Ahora es la segunda parte del Voluntariado Internacional, no todo es la experiencia en terreno. Espero poder transmitir todo lo vivido desde el máximo respeto y cariño, tal y como me han tratado.
-Ya has empezado.
La verdad es que sí. También he podido decirlo en la Escuela de otoño: si alguien tiene esta inquietud, que no deje pasar mucho tiempo porque, realmente, merece la pena. Nunca sabré cómo agradecer a Cáritas Diocesana de Sevilla y a Cáritas Española la oportunidad que me han ofrecido para cumplir mi sueño.

