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El evento, que se ha celebrado a lo largo de tres jornadas, ha contado con la presencia total de más de 200 participantes.
Con ilusión, los mayores se montaban a primera hora en el autobús que les llevaría hasta Chipiona. A pocos días de la Feria de Sevilla, muchas de ellas cantaban sevillanas y tocaban al compás durante el trayecto. Había ganas de fiesta, ganas de encuentro, de celebrar la vida.
El sol iluminaba la jornada, y el sonido de las olas, el aire de la costa y el silencio de una mañana alejada del trasiego veraniego, daban la bienvenida a su llegada a las puertas del Santuario de Santa María de Regla. Unas puertas llenas de hospitalidad y cercanía. Allí, voluntarios y voluntarias de la Cáritas de Chipiona les esperaban para acogerles y ofrecerles una botella de agua y un zumo como tentenpié.
Tras un pequeño descanso para ir al baño, comenzó la eucaristía presidida cada día por Luis María, José Antonio y Narciso, y Javier, párrocos de Santa Cruz de Lora del Río, de la Parroquia de Jesús de Nazaret y de los Desamparados, y de Santa María de la Cabeza, respectivamente. Al finalizar, fray Juan, miembro de la comunidad de Franciscanos misioneros que atiende el Santuario y la Casa de Espiritualidad de Regla, les hizo de guía y les estuvo explicando la historia del santuario, que tiene su origen en un castillo fortaleza, propiedad de los Ponce de León, Señores de Chipiona; y la importancia que tiene para muchas personas la Virgen de Regla, contando incluso emocionado, cómo ha presenciado en alguna ocasión, el poder que para algunas personas ha tenido la fe y la devoción a la Virgen.
Tras un pequeño paseo y la obligada foto de familia, disfrutaron de un buen rato de convivencia mientras comían. Allí estuvo también fray José Luis, que amablemente se preocupó por que no faltara de nada y se sintieran todos como en casa.
Después de una pequeña sobremesa, y antes de volver a casa, disfrutaron de un bingo en el que no faltaron la "¡línea!", los "han cantado bingo!", las risas y hasta los premios para los más afortunados. Pequeños detalles que mostraban el cariño y el cuidado con el que, tanto voluntarios como personal técnico, habían preparado este encuentro.
Un encuentro que terminó, antes de subir de nuevo al autobús de vuelta, con la visita a la tienda del Santuario para llevarse a casa el recuerdo de un día que seguro no olvidarán. Porque a muchos de ellos este día les ha permitido ver el mar después de años y años sin poder estar, algunos incluso, y aunque parezca increíble... han disfrutado de su belleza por primera vez. Han podido dejar la soledad a un lado, que tanto pesa en su rutina; les ha permitido relacionarse, conocerse y compartir; sentirse acompañados, cuidados. Conseguido eso, el objetivo se había cumplido.
Como rezaba el lema del encuentro, las personas mayores son piezas clave de nuestra comunidad y merecen nuestro cuidado y nuestra atención, especialmente, aquellas que más desprotegidas se encuentran. todas y cada una de ellas cuentan y son importantes por quienes han sido, el camino que anduvieron, el trabajo que realizaron, la fe que nos inculcaron y los valores que construyeron. Porque fueron ellos quienes nos cuidaron y nos hicieron ser y tener lo que somos y tenemos hoy. Albergan en su corazón la experiencia que da la vida, y generosamente nos la han donado. Las personas mayores, en efecto, son piezas clave de nuestra comunidad.
Desde Cáritas Diocesana de Sevilla queremos agradecer a la comunidad de Franciscanos misioneros y a todas las personas trabajadoras de la Casa de Espiritualidad, su hospitalidad y acogida.
#SomosOportunidad
#SomosEsperanza

