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Nuestra Cáritas • 30/09/24

Más de cuatrocientas personas participan en la conmemoración de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

Nuestra Cáritas • 30/09/24
Más de cuatrocientas personas participan en la conmemoración de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

Son bastante más de cuatrocientas las personas que acuden en la tarde-noche de este domingo, prácticamente liquidado el último fin de semana de septiembre, a la convocatoria de la eucaristía conmemorativa de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, promovida por la Delegación Diocesana de Migraciones en respuesta a la llamada universal de la Iglesia.

En la masiva respuesta, que desborda la capacidad del templo y del patio adyacente, se reconoce, junto a la presencia de fieles de la comunidad anfitriona -la parroquia de San Juan Pablo II, en Montequinto-, la de otras muchas personas llegadas de otras parroquias de Dos Hermanas y Sevilla, de emigrantes africanos y latinoamericanos, de religiosas, de militantes de movimientos apostólicos, de colaboradores de la Delegación de Migraciones y de Cáritas, y de un considerable número de jóvenes.

La misa está presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Sainz Meneses, acompañado como concelebrantes por el vicario de Pastoral Social -Salvador Diánez-, el párroco anfitrión -Adrián Ríos- y otros once sacerdotes diocesanos. La intención de la conmemoración, como recuerda monseñor Sainz, está en esta ocasión inspirada en el lema «Dios camina con su pueblo» y en el mensaje publicado por el Santo Padre Francisco con esto motivo, cuyas palabras evocan nuestra condición de Iglesia peregrina y «la presencia del Dios de Jesús en nuestra vida, como también en la vida y el viaje migratorio de millones de personas». «Con ellos -proclama el arzobispo- queremos construir comunidades acogedoras y misioneras, mientras hacemos como pueblo santo el camino hasta la Patria, la Casa del Padre».

La liturgia, desarrollada con la señalada participación de diversas personas y familias migradas que forman parte de nuestras comunidades parroquiales, cuenta también con la contribución del coro parroquial de Nuestra Señora del Carmen, de Su Eminencia, que pone una emotiva nota musical con un selecto repertorio de cantos sencillos y oportunos.

En su homilia, centrada en la Palabra de este vigésimo sexto domingo de Tiempo Ordinario, el prelado resalta la contundencia y profundidad de unas palabras del Evangelio que nos «previenen -subraya- contra la tendencia a la exclusividad que asalta a los seres humanos cuando hemos recibido algo que es importante». «So capa de seriedad y orden -añade-, este monopolio excluyente, que se da en todos los ámbitos de la vida, también manifiesta intereses ocultos, conscientes o inconscientes, el interés personal, la actitud posesiva y un deseo de control de las personas, los carismas y todos los dones de Dios».

Inevitablemente, el clima acogedor de la celebración recibe también el pesar por la muerte en aguas de El Hierro, durante las últimas horas, de más de sesenta personas migrantes, en la que constituye la mayor tragedia documentada en la mortífera Ruta Atlántica de la Frontera Sur, hasta sumar al menos 781 vidas cobradas en lo que va de año ante el desafío letal de la desesperación. A ellas se refiere el arzobispo, con palabras de recuerdo y aliento «para los itinerantes, los exiliados, los refugiados, los inmigrantes de hoy, que, como los de ayer, son puestos a prueba por la adversidad y tentados por la desesperanza». «En lugar de rechazar y reprimir a quienes están en ese camino, debemos prestar y solucionar los factores de expulsión y atracción que subyacen a la migración forzada». «Como Dios cuidó de Israel, y cuidó de María, y cuida de la Iglesia y de cada uno de nosotros, cuida y camina también con sus hijos migrantes y refugiados, hermanos nuestros, icono contemporáneo de su pueblo en camino, de la Iglesia en camino, a los que debemos acoger, ayudar e integrar».

La celebración concluye con el testimonio de Jennifer, mujer colombiana, migrante junto su hija, participante del Proyecto Nazaret de Cáritas Diocesana y acogida, a través de la Fundación Kambia, por la religiosas del Instituto de la Bienaventurada Virgen María (Irlandesas). Emocionada y entrecortadamente, Jennifer da cuenta de la pérdida, la violencia, la dureza y la dificultad que arrastra y acompaña la experiencia migratoria, para reconocer, pese a la adversidad, la cercanía y la presencia de Dios, «que siempre ha colocado a personas buenas en mi camino».

La Jornada del Emigrante y del Refugiado, que celebra en 2024 su centésima décima convocatoria, fue instituida por el papa Pío X y se celebró por primera vez en 1914, bajo el pontificado de Benedicto XV. Desde entonces, la Iglesia celebra cada año esta jornada como expresión de su vocación «católica», esto es, universal, evangelizadora, misionera y sinodal ante la universalidad del hecho migratorio. «Poner el énfasis en la dimensión sinodal -recuerda el papa Francisco en el mensaje publicado con motivo de la conmemoración- permite a la Iglesia redescubrir su naturaleza itinerante, como pueblo de Dios en camino a través de la historia, peregrinante, diríamos "emigrante" hacia el Reino de los Cielos».




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