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En la tarde del pasado 23 de octubre, la familia Nazaret recibió la visita de don Evaristo Pascoal Spengler, obispo de la diócesis de Roraima, franciscano, al que acompañaba el sacerdote Carlos Carrasco, su anfitrión durante su estancia a Sevilla. Fue recibido por el director de Cáritas Diocesana, Miguel Angel Carbajo, Victoria Martín, secretaria general y los responsables del centro Pilar Muruve y Pedro Ruiz.
La tarde discurrió en un agradable encuentro de diálogo compartido del prelado con los miembros del equipo técnico, un grupo de voluntarios y un buen número de los residentes en la casa.
Miguel Angel Carbajo dio la bienvenida a don Evaristo, quien expuso la situación de la diócesis y algunos problemas fundamentales de sus comunidades. Roraima es una diócesis muy extensa (250.000 km2), con más de medio millón de habitantes, la mitad de ellos de confesión católica, situada al norte de Brasil, fronteriza con Venezuela y Guyana y es una de las más pobres y menos poblada del estado federal. Cuenta con 22 parroquias, 60 sacerdotes y otras tantas religiosas. Relató la obvia dificultad de atención a las comunidades, muy diseminadas en un territorio tan amplio y con pocos recursos pastorales y humanos.
El prelado centró su atención en dos problemas fundamentales de la zona: la explotación de los indígenas y mestizos a través de la minería ilegal del oro y la ocupación de tierras, y la migración masiva de personas procedentes Venezuela y otros países centroamericanos, no sólo para asentarse en Brasil, sino para pasar a otras zonas americanas y a Europa. Esta situación absolutamente descontrolada provoca el tráfico de personas, la trata de mujeres y niños, la trata de órganos corporales, la prostitución, etc... Asimismo el obispo mostró su interés y cercanía de la tarea de Nazaret con sus participantes.
Pilar Muruve expuso los objetivos, modo de actuación del equipo, actividades formativas y laborales y vida cotidiana de la casa, insistiendo en la motivación fundamental de Cáritas en acompañar a los participantes en su camino migratorio, proporcionándole recursos formativos, sociales, culturales y jurídicos para su real inserción en la sociedad que los acoge.
Seguidamente varios de los participantes en el proyecto expusieron sus experiencias de llegada a Nazaret, acogida en la casa, aprovechamiento de los recursos formativos resaltando el carácter familiar y cercano de la vida en el centro. El acto finalizó con la intervención de algunos de los voluntarios que expresaron la satisfacción y cercanía a los participantes en sus tareas. Tuvimos la ocasión de poder compartir una breve merienda preparada por los residentes del proyecto que están realizando un curso básico de hostelería en el Centro Diocesano de Empleo.

