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El Patronato San Pelayo se constituyó en 1972 para la tutela y el respaldo institucional del Colegio San Pelayo, fundado diez años antes como dispensario escolar para niños y jóvenes discapacitados. Reconvertido en fundación en 2015, como tal, mantiene sus finalidades fundacionales en la atención y promoción socioeducativa y la inclusión social de personas con discapacidad física, psíquica o psicofísica, con la dirección del colegio como actividad principal.
La participación de Cáritas Diocesana de Sevilla en la fundación, de la que ostenta como entidad fundadora ─tras la salida de la Fundación Cajasol─ la titularidad única, se remonta a su propia constitución como patronato, un hecho que supuso la institucionalización de una línea de atención específica a las necesidades personales y colectivas de las personas discapacitadas desarrollada por la institución desde fecha muy temprana. «Aunque la gestión de colegios no constituye el ámbito propio de acción de Cáritas ─aclara la actual presidenta de la fundación, María José Carralero Marco─, la continuidad de Cáritas en la fundación despeja cualquier incertidumbre sobre el proyecto educativo y escolar, y muestra su compromiso con este colectivo, especialmente vulnerable, de las personas con discapacidad».
Junto a la función de dirección institucional, el respaldo de la fundación al colegio se materializa de forma significativa en la financiación y la búsqueda de recursos económicos para el desarrollo de proyectos, servicios y programas de ayuda, con la destacada contribución de diversas hermandades sevillanas. El patronato actual de la fundación está compuesto, junto a María José Carralero, por Antonio Morro Bernal, Nicolás Martínez Conde, Pedro Ruiz Morcillo y Fernando Borrego Ojeda, con Javier Aguilar Bravo como gerente.
El Colegio de Educación Especial San Pelayo se emplaza en la barriada de Santa Clara, en las instalaciones construidas por Cáritas Diocesana a principios de los años ochenta en terrenos propiedad del Monte de Piedad, cedidos a tal fin. De carácter concertado, cuenta en la actualidad con ciento cincuenta y ocho alumnas y alumnos con edades comprendidas entre los tres y los veintiún años, que se distribuyen en veintidós unidades escolares de tres ciclos formación básica obligatoria (FBO), y cuatro correspondientes a programas de transición a la vida adulta y laboral (PTVAL): auxiliar de vidrio y cerámica; auxiliar de corcho, madera y mueble; auxiliar de jardines y viveros; y auxiliar en servicios de oficina.
El colegio cuenta asimismo con una plantilla de sesenta y siete personas, con veintiocho docentes a los que se suman diversos profesionales y técnicos que colaboran en la atención interdisciplinar al alumnado y a las familias, la atención educativa complementaria, la administración y el mantenimiento de los servicios e instalaciones. Desde principios de este curso, la dirección pedagógica corre a cargo de Luisa Fernanda Benítez López de Ayala.
Como en cualquier colegio de educación especial, el desarrollo de la labor socioeducativa de San Pelayo requiere un despliegue organizativo de enorme complejidad para atender la demanda de atenciones, cuidados y apoyos de la chicos y chicas con diferentes capacidades. La complejidad se multiplica en el caso de San Pelayo por una diversidad de perfiles del alumnado, que abarca desde los menos a los más afectados y dependientes, incluyendo a veces situaciones de salud que requieren cuidados paliativos pediátricos o atención sanitaria profesional, que se resuelven ─«a falta de personal médico propio que quizás convendría demandar», observa la directora─ con la intervención de los profesionales de enlace del centro de salud o la coordinación con unidades hospitalarias específicas. La deslocalización del alumnado, procedente de gran parte de la provincia mediante diecisiete líneas de transporte, constituye un plus de dificultad en la relación con las familias y los servicios externos de atención especializada.
Con una ratio necesariamente baja, la organización escolar se realiza por ciclos y agrupación del alumnado según criterios de edad y capacidad, procurando la mayor homogeneidad de los grupos. En la actualidad, la tendencia promovida por la legislación educativa se orienta a la integración progresiva del alumnado menos afectado en los cauces de la educación normalizada, reservando a centros como San Pelayo una función de mayor especialización que «se va notando poco a poco ─subraya Luisa Benítez─ en el perfil de un nuevo alumnado que cada vez presenta mayor grado de dependencia, más graves problemas conductuales y mayor grado de vulnerabilidad social». En este sentido, la consolidación del colegio como centro provincial de referencia quizás constituya «nuestro gran reto para los próximos años», aunque la gran incógnita sigue recayendo en la eficacia del sistema. «A veces, hay buenas ideas que pueden darse de bruces con la realidad. ¿Están los centros de educación normalizada dotados profesional y técnicamente para responder a las necesidades educativas de este alumnado? ¿Y si no, qué hacemos con estos chicos?», se pregunta Benítez.
El colegio mantiene cuatro unidades PTVAL, cuya eficacia se refuerza con acciones propias de orientación y acción social. «Las dificultades son grandes, sin embargo. Por una parte, en muchos casos las situaciones de gran dependencia condicionan decisivamente las posibilidades de inserción laboral o ocupacional, pero es que, además, actualmente, como venimos advirtiendo, los alumnos no salen con una acreditación que se lo facilite, como sí ha sucedido en el pasado, cuando se podían realizar prácticas tutorizadas en empresas que producían buenos resultados». La presidenta destaca, en este sentido, la labor realizada por «Niños con Amor», una fundación que «no es San Pelayo, pero surge de la iniciativa de padres y madres de San Pelayo», precisamente con la idea de dar continuidad a la labor con los jóvenes, una vez concluida la etapa escolar, en los ámbitos ocupacional, de la autonomía personal y la socialización.
Aunque el perfil familiar es muy diverso, el colegio también realiza un acompañamiento transversal a las familias mediante actividades de formación, información, y búsqueda y gestión de recursos. Como explica María José Carralero, en general son familias socialmente muy diversas, unidas por el hecho de la discapacidad, que ya es un hecho que genera vulnerabilidad por sí mismo, aunque el colegio vigila y presta especial atención a aquellas situaciones escolares y familiares que desvelan condiciones de vulnerabilidad social. «Esta atención especial a estas situaciones, que nos lleva a contar con una trabajadora social escolar, es una expresión significativa de una sensibilidad muy propia de Cáritas».
De esta manera, el colegio consigue dos de los puntos fuertes que destacan la presidenta y la directora: «una atención educativa en la que la persona es el centro, y un conocimiento y preocupación por el entorno familiar y social del alumnado, que facilita la labor educativa».
La labor y la larga trayectoria de San Pelayo, que celebra el presente curso escolar bajo el lema «Construyamos el camino paso a paso», es depositaria de un merecido e incluso creciente reconocimiento social que se manifiesta especialmente durante la celebración de algunos acontecimientos escolares, como la procesión del Viernes de Dolores ─con ecos tan emotivos como el recibido en el último pregón de Semana Santa, pronunciado por Juan Miguel Vega─ o la exposición de su belén artesanal.

