Nuestras noticias
Texto: Lola Seiva.
La labor de Cáritas en Sevilla es posible gracias a la labor de 2.700 personas voluntarias que acompañan a más de 14.500 familias al año. Rosa, Manuel, Lola y Jesús son voluntarios y han querido compartir cómo surgió su compromiso, cómo lo viven y qué les dice el lema de la Campaña Institucional 24-25, «Allí donde nos necesitas abrimos camino a la esperanza».
Manolo, 35 años, Cáritas Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, en Albaida del Aljarafe.
Llevo en Cáritas de Albaida del Aljarafe tres años, pero ya había estado seis meses hace once años. Es una Cáritas pequeña, por lo que todos y todas realizamos distintas tareas. Yo hago acogida, ayudo con el papeleo....
Hace once años, con motivo de mi proyecto de fin de carrera, tuve una experiencia muy fuerte trabajando con familias pobres, pobres en el sentido economico. Viendo que aquella experiencia me había aportado tanto, quise seguir viviéndola a mi vuelta a España. Estuve un tiempo fuera de Albaida, sin mucho tiempo para voluntariado. Pero a cuando regresé, literalmente el Señor me llamó para que hiciera algo en la parroquia. Pregunté a Fermín dónde podía servir y me dijo que en Cáritas. Y aquí sigo.
El voluntariado en Cáritas me aporta un conocimiento más profundo del ser humano, especialmente de la relación de ayuda y de la pobreza, de sus sus tipos, de las estructuras sociales que la causan o favorecen. Me aporta poner en práctica el Evangelio, acercándome a los necesitados. Me aporta tolerancia a la frustración, ganar perspectiva de la realidad, toparme con el concepto de vulnerabilidad y aceptarlo, y me aporta mucha alegría cuando sabes que alguien que lo ha pasado mal avanza.
Verdaderamente, creo que la desesperanza es una de las pobrezas de las personas que vienen a Cáritas Parroquial: no tienen dinero, no encuentran trabajo, no pueden pagar facturas... Me parece bonito que seamos uno de los apoyos que pueda devolver a esa persona la esperanza y la confianza en sí misma. Por otro lado, también me hace ver que, para llegar a ese punto y hacer el lema realidad, me queda mucho que aprender y mucho trabajo por hacer.
Jesús, 53 años, Cáritas Parroquial de San Gonzalo, en Sevilla.
Me incorporé a Cáritas hace dos años. Soy voluntario en el proyecto arciprestal Emaús, de atención a las personas sin hogar, y director en mi Cáritas parroquial.
Mi incorporación se produce tras una invitación, una llamada a participar en algo que no me había planteado, pero a lo que en conciencia no me podía negar.
La incorporación al voluntariado de Cáritas la vivo como un regalo. Por una parte, el proyecto Emaús me ha permitido conocer a personas que estaban en la calle, pero no eran visibles. Tienen nombres, historias, emociones, anécdotas, conocimientos, sentido del humor, que me comparten cada vez que tengo la oportunidad de visitarles en las rutas que hacemos. Por otra, en la Cáritas parroquial la comunidad me regala la oportunidad de ayudar a personas en su nombre. Confían en el equipo unos recursos para que podamos disfrutar acompañando a personas que reconstruyen su vida.
Interpreto el lema como una llamada a la escucha, a reconocer la necesidad, a la disponibilidad para acudir donde se requiere, y a la esperanza, porque en cada proceso personal está Dios presente.
Lola, 54 años, Cáritas Parroquial de Santa María de la Mesa, en Utrera.
Soy coordinadora de Cáritas en la vicaría Este.
Empecé en Cáritas en el 2012, cuando se produjo una renovación del equipo de Cáritas en mi parroquia y tuve la suerte de que contaran conmigo. No lo dudé, puesto que sentía la necesidad de agradecer y devolver de alguna manera todas las cosas buenas que el Señor me había regalado. No se me ocurrió mejor forma que dedicar parte de mi tiempo al servicio de los demás y, especialmente, a los más desfavorecidos.
Ser voluntaria de Cáritas me ha hecho crecer como persona, también en el aspecto espiritual. Conocer otras realidades, salir de mi zona de confort me hace valorar los dones que me da el Señor, así como aprender siempre, tanto de cada persona a la que atendemos como de los voluntarios.
El lema me lleva a pensar en la universalidad de la caridad... Sin fronteras ni físicas ni mentales o espirituales. Las fronteras invisibles son los mayores obstáculos.
Rosa María, 59 años, Cáritas Parroquial de Nuestra Señora del Socorro, en Badolatosa.
Soy secretaria de mi Cáritas parroquial.
Empecé hace cuatro años con la intención de ayudar a las personas necesitadas, de hacerles ver que no están solas y de que todo es posible.
Esta invitación que me hace la Iglesia me ha permitido crecer en mi fe y en mi amistad con Dios, intentar iluminar en medio de la desesperanza.
La esperanza no defrauda, nos abre muchas posibilidades a concretar en nuestras parroquias, esperanza que nace del amor de Dios.

