Nuestras noticias
Tras la fumata blanca, el cardenal Mamberti anunció la gran alegría y pronunció un nombre que nos costó entender: Robert Francis Prevost. Aunque sonaba de algo, nos sorprendió a la mayoría: quién es, de dónde es, un agustino... Luego, los expertos intentaron justificar el yerro de las «quinielas», pero nadie había acertado. El Espíritu Santo lo volvió a hacer. Nos dejó sin palabras.
Nos encontramos con un papa que toma como nombre León XIV, en homenaje a León XIII, que, con su encíclica Rerum Novarum, actualizó y reafirmó la Doctrina Social de la Iglesia, de la que tanto seguimos bebiendo y que tan necesaria y demandada sigue siendo. Y León es también el nombre de fray León de Asís, discípulo y compañero de san Francisco de Asís, de quien tomó a su vez el nombre Francisco.Sus primeras palabras parecían anunciar también algunas intenciones para su pontificado: la paz, la misión, la sinodalidad, los descartados. Palabras y gestos de suma importancia en un mundo donde la paz no sólo es la ausencia de conflictos, sino también la construcción de puentes de diálogo, de convivencia, que pasa por el reconocimiento de la dignidad inviolable de las personas.
Viene bien tenerlo en cuenta ahora que, en nuestro país, acaba de entrar en vigor un nuevo Reglamento de Extranjería que, ciertamente, no podemos decir que mejore sustancialmente las condiciones de vida de las personas migrantes. Hay alguna mejora, como la reducción de plazos o la simplificación de algunos trámites, pero se sigue forzando a una gran cantidad de personas a una situación administrativa indigna, más que irregular. Así, las personas solicitantes de asilo o protección internacional se han visto más que afectadas. Y nada se arregla sobre los requisitos y procedimientos de empadronamiento, cada vez más tendenciosos.
Como afirman las entidades sociales que se han pronunciado sobre el Reglamento, «además de crear nuevas situaciones de irregularidad administrativa, no se va a resolver de manera inmediata la situación de irregularidad en la que se encuentran miles de personas». Por ello, también destacan la necesidad de aprobar en paralelo la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) de regularización extraordinaria, como vía para garantizar derechos a miles de personas que viven y trabajan en nuestro país. Y esa es nuestra apuesta coherente.
Nuestras Cáritas siguen y seguirán atendiendo a estas personas, porque no tratamos «con papeles», sino con personas. Nuestra lucha es por la dignidad de las personas, sin mirar su documentación. En el fondo, como humanidad e hijos e hijas de Dios, necesitamos «constituirnos en un “nosotros” que habita la casa común» (Francisco, Fratelli tutti,17) desde la misericordia y la fraternidad.
Guiados por el papa, nuestra tarea es evidente: promover el desarrollo humano integral y alzar la voz contra la injusticia, para construir un mundo «donde cada persona, sin importar su raza, religión o nacionalidad, pueda vivir una vida plenamente humana» (Pablo VI, Populorum Progressio, 47).

