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Nuestra Cáritas • 09/07/25

Mientras haya personas, hay esperanza

 

Nuestra Cáritas • 09/07/25
Mientras haya personas, hay esperanza

 

[Publicado en Boletín 96]
Lola Seiva Henares
Departamento de Comunicación

 

Cada día, cientos de personas llaman a las puertas de nuestras Cáritas buscando ayuda: 39.628 en 2024.

Pérdida de empleo, precariedad laboral, soledad de las personas mayores, falta de vivienda, migración forzada… Son muchos de los factores que llevan a estas personas a encontrarse con nosotros. Vivimos en una sociedad en la que todo va demasiado rápido, dejando atrás a personas, haciéndolas invisibles, dejándolas sin voz. Como agentes de Cáritas, estamos llamados a escucharlos, a acompañarlos, a ser generadores de esperanza.

470224147 560240883599407 4030284980222658634 nY ahí es donde nos hacemos presente, desde donde nace el lema de este año «Mientras haya personas, hay esperanza». Un mensaje que no solo llama a estar, sino que también consuela, porque mientras existan personas dispuestas a tender la mano, a compartir lo que tienen, a mirar al otro... la esperanza perdura.

Esta campaña quiere recordarnos que la humanidad no está perdida, que la solidaridad sigue viva en los gestos cotidianos, en nuestro día a día. Podemos llamarlo caridad, generosidad o humanidad, no importa el nombre que le demos, pero sabemos que el impulso natural nos mueve a ayudar, porque lo llevamos dentro.

Este año, además, la campaña se enmarca en el Jubileo de la Esperanza, tiempo especial en el que el papa Francisco nos invita a la reconciliación, la renovación espiritual y el compromiso con los más vulnerables. Desde Cáritas, queremos hacerlo con gestos que trasformen vidas. Somos testigos, embajadores, comunidad de Esperanza. La sentimos, la vemos, la sembramos, la defendemos, la compartimos y sacamos a la luz, todo ello por el ejemplo de Jesús, porque con él, nace la Esperanza.

Gestos como este nos recuerdan que la fe se traduce en obras, y que ayudar sigue siendo un acto transformador que nos humaniza

En este tiempo marcado por los conflictos armados y los discursos de odio, necesitamos reorientar el corazón para tomar conciencia de la novedad profética que nos trae la esperanza: el deseo y la expectativa profunda del bien, del amor y de la fraternidad humana. Pongamos la atención en lo bueno que hay en el mundo, es hora de perseverar, confiar, creer y amar.

Como agentes de Cáritas, tomemos conciencia y reflexionemos sobre nuestro compromiso cristiano de amor y servicio a los demás, especialmente con las personas más vulnerables de nuestra sociedad. Animemos la dimensión social y el compromiso sociocaritativo de la comunidad cristiana y de las parroquias, promoviendo el trabajo en red, y sensibilizando al resto de la comunidad. Demos también, testimonio de la Esperanza que nos trae la Buena Noticia a la que nos convoca Jesús a través del Evangelio y celebremos la fraternidad que nos une en la misión.

470224147 560240883599407 4030284980222658634 nY es por ese testimonio que nos hemos vuelto a hacer presentes en nuestras calles con un gesto colectivo que iniciamos el año pasado por el Día del Corpus Christi, Día de la Caridad, promoviendo una cuestación en la que han participado cincuenta y siete Cáritas parroquiales. Más de cuatrocientas personas voluntarias han salido a las calles de la diócesis con petos rojos y huchas, con el objetivo de sensibilizar y concienciar a otros sobre la realidad de las personas que acompañan desde sus parroquias.

Este gesto, que se ha realizado en la semana del 16 al 22 de junio, ha sido una oportunidad para acercar el mensaje de Cáritas a todas aquellas personas que se han podido cruzar en estos días, compartiendo historias de vida, necesidades reales y, sobre todo, esperanza. Esta cuestación, ha sido un gesto de presencia y compromiso con quienes más lo necesitan.

Desde Cáritas Diocesana de Sevilla agradecemos la generosidad de todas aquellas personas que han colaborado, y el testimonio y la entrega de las personas voluntarias que han hecho visible la acción caritativa de la Iglesia.

Gestos como este nos recuerdan que la fe se traduce en obras, y que ayudar sigue siendo un acto transformador que nos humaniza. Miremos al otro con ojos nuevos, descubramos que en cada persona hay una historia que merece ser escuchada y una esperanza que puede ser reavivada. A veces pensamos que hacer de este mundo un lugar mejor es complicado, pero mientras haya personas, hay esperanza.

 




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