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Con ocasión de la conmemoración del Corpus Christi, Día de la Caridad, los obispos españoles nos emplazaban «a conocer y contemplar la trata de personas como una de las lacras más dolorosas de nuestro tiempo». De ello hemos venido a hablar con Beatriz Fernández Pérez, 34 años, trabajadora social de Villa Teresita, institución ejemplar dedicada al acompañamiento a mujeres víctimas de las redes de trata y prostitución. A Bea, que nos recibe en el Centro Social, se le notan la experiencia, el conocimiento y la vocación. Habla serenamente, con hondura y claridad, y transmite permanentemente ternura y reconocimiento hacia las mujeres a las que acompañan. «Una mujer me regaló una pulsera que llevaba como amuleto desde que cruzó el mar en patera y me dijo: "Mira, es lo único que tengo". ¡Cómo me iba a regalar lo único que tenía de su país, con todo lo que significaba para ella! "Sí, yo ya no la tengo que llevar. Yo ya me siento segura, por primera vez en mi vida. Pero quizás la necesite otra persona"». «Me impresiona salir a los polígonos, a los pisos... ¡Son sitios tan infrahumanos! Sin embargo, cuando veo allí a las mujeres, con frío, con calor, esperando, desvanecidas, pienso y me digo ¡Cuidado, porque esto que pisas es tierra sagrada!». «Me deja sin palabras la fe en Dios de algunas mujeres, pese a su situación». «Aquí siento que puedo vivir mi vocación con plenitud y aquí he descubierto que el trabajo social puede ser también un lugar de encuentro con Dios».

-Bea, cuéntanos algo sobre tu trayectoria.
Yo soy de esta zona, de la barriada de la Candelaria, vinculada familiarmente a la parroquia, con una pastoral social muy marcada, y a las hermandades de la Candelaria y la Sagrada Mortaja. Desde muy joven, ya en el instituto de aquí al lado, el Salvador Távora, que antes se llamaba La Paz, empecé a colaborar con las actividades de lo que más tarde sería la Fundación Escuela Cultura de Paz y, desde ella, en actividades de los Agustinos Recoletos. Mi voluntariado siempre ha ido, de una u otra forma, de la mano de la Iglesia. Después, ya en la universidad, en el último año del grado, a través de las actividades docentes, conocí la experiencia de Villa Teresita. A Josefina, entonces directora, y a Rocío, la primera trabajadora social de Villa Teresita en Sevilla, que nos hablaron de su misión y trabajo con las mujeres. Recuerdo perfectamente el eslógan de la campaña que entonces hacían: «Podrías ser tú». Me llamó tanto la atención que hice aquí mis prácticas y aquí he desarrollado toda mi carrera profesional y vocacional.
-Tú no eres religiosa, ¿no?. Me refiero a tu relación con las religiosas de Auxiliares del Buen Pastor...
No, pero aunque mi relación oficial es, digamos, laboral, profesional, este trabajo no es sólo un empleo para mí, sino mi mayor vocación: es la posibilidad de poner mis capacidades al servicio de algo mucho más grande. Acompañar a cada mujer es para mí una forma de vivir el Evangelio, de seguir a Jesús en lo concreto, en lo sencillo y en lo cotidiano.
-¿Villa Teresita y las Auxiliares del Buen Pastor son lo mismo?
Sí. Villa Teresita es el nombre cariñoso que su fundadora, Isabel Garbayo, puso en su primera casa, en honor a Santa Teresita de Lisieux, cuya vida y enseñanzas inspiran la labor de Villa Teresita, un hogar que acoge a mujeres en situación de prostitución y víctimas de trata.
-Cuéntanos también algo de ellas.
Son muchos años caminando con ellas, compartiendo la misión, las risas, los silencios, la oración... Esto ha marcado mi vida, ya para siempre. La fundadora fue Isabel Garbayo, pamplonesa, una mujer valiente a la que en 1942 el Espíritu Santo suscitó una llamada ante la situación de aquellas mujeres arrinconadas en pabellones apartados de los sanatorios de la época, víctimas de la sífilis y de la tuberculosis. Ella las escuchaba gritar, se conmovió, empezó a visitarlas y entabló con ellas una relación de amistad, hasta que abrió la primera casa, desde ellas y para ellas, una casa para acogerlas, enfrentándose a la familia, a la sociedad y hasta a la Iglesia: «¡Cómo a estas mujeres de "mala vida", si tú eres de buena familia, culta, religiosa!». Y éste es su carisma, que brota del Corazón de Jesús, Buen Pastor: salir al encuentro de las mujeres más heridas, de las que están atrapadas en la trata y en la prostitución, en situaciones extremas de dolor, para anunciarles que hay un Amor que las sana y que las salva. Las hermanas son contemplativas en lo cotidiano, rezan mucho, oran con su vida, con su entrega, mujeres de una fe muy viva, con una relación profunda con Jesús, que las convierte en misioneras de misericordia. Y yo tengo la suerte de formar parte de esta historia.
«Esta es la misión: salir al encuentro de estas mujeres heridas, atrapadas en la trata y en la prostitución, para anunciarles que hay un Amor que las sana y que las salva»
-¿Dónde están presentes?
En Pamplona está, digamos la casa madre, la primera casa, y ahí reside la comunidad de las mayores. Además, estamos presentes en Madrid, Valencia y Sevilla. Siempre con un mismo estilo de acogida, cuidado y acompañamiento a cada mujer, con respeto, con ternura y con la certeza de que Dios habita en cada una de ellas.
-¿Cuál es el trabajo que realiza Villa Teresita en Sevilla, concretamente?
Trabajamos sobre un proyecto integral de atención a mujeres víctimas de trata con fines de explotación sexual y o prostitución, que desarrolla cinco actividades. La primera es la casa-hogar con cinco plazas: mujeres que hayan denunciado o no, que tenga documentación o no, da igual; cinco plazas para mujeres sin hijos o con bebés de hasta un año, un hogar donde protegerlas. Tenemos el centro social, un espacio de atención y encuentro, que es donde ofrecemos recursos de asistencia para necesidades básicas, psicológica, jurídica, acompañamientos en procedimientos judiciales, que son duros y complejos... Tenemos el piso de autonomía, enfocado a mujeres en proceso de recuperación, pero aún vulnerables. Tenemos la actividad de salida a la calle. Los viernes por la noche salimos con una unidad móvil a las zonas donde las mujeres están siendo prostituidas: calles, polígonos, barrios. Los miércoles por la mañana vamos a los pisos... Y tenemos un curso formativo que se ejecuta en la parroquia de los Remedios, Nuevos Retos, para mujeres que están recién llegadas o que se encuentran acogidas en entidades sociales de primera fase. Ahí hacemos talleres muy básicos de español, informática, matemáticas, sobre violencia de género...
-¿A cuántas mujeres atendéis en Sevilla?
Al año, pueden ser, en conjunto, unas doscientas mujeres.
-¿Todas son víctimas ya de las redes de trata y la prostitución?
Unas llegan de centros de primera fase. Otras llegan desde otras casas o derivadas por la policía. A otras las conocemos de los ambientes. Entre las que participan en el taller, por ejemplo, muchas presentan indicios de trata. Hay muchas africanas que han sido captadas y explotadas en el camino. Parte de nuestro trabajo es identificar estos indicios. A veces llegan con el plan hecho, sin nada, pero al día siguiente ya tienen ropa y móvil, ya están listas para marcharse a otros lugares, ya están las redes soltando las manos. Hablamos con ellas, les decimos que su historia ya nos suena, les advertimos de los peligros y les informamos de que existen salidas.
-¿Qué soluciones ofrecéis a estas mujeres?
Aquí no hay magia, ni una solución inmediata. Lo que les ofrecemos es atención personal y social: en gestión de recursos sociales, administrativos, sanitarios, jurídicos, formativos... Ofrecemos un espacio seguro donde puedan descansar, empezar a sanar, iniciar un proceso nuevo. Ofrecemos posibilidades formativas para su empoderamiento, para que puedan recuperar su autonomía. Ofrecemos cercanía y acompañamiento. El sentido es la reconstrucción personal, la recuperación de la dignidad, la superación del trauma, la reintegración social.
-¿Qué perfiles o perfiles predominan?
La mayoría son mujeres de entre 18 y 40 años, en su mayoría migrantes. Los países de donde más llegan son Senegal y Costa de Marfil, también Mauritania y Mali, francófonas. Y también ahora mujeres procedentes de América Latina. En general todas llegan con un nivel socioeducativo bajo, en situación de pobreza y precariedad, mujeres que aceptan a ciegas la promesa de una vida mejor en Europa. Hacen un viaje brutal, y sufren agresiones y violaciones por el camino. Escuchar sus padecimientos es lo más duro de trabajar en esto. Aquí llegan con el duelo migratorio: abandonan sus países para sufrir estas vejaciones y violaciones. Llegan muchas veces con indicaciones y bajo amenazas, a ellas o a sus familias.
-A veces se justifica la prostitución como una opción personal que se ejerce libremente. Sin embargo, en lo que vivís, parece que existe una correlación entre los estados de necesidad, la pobreza, la exclusión, la desestructuración personal o familiar y los estados de violencia con las situaciones que padecen estas mujeres.
Sí, sí, sí, rotundamente sí.
-¿Cuál es la diferencia, digamos, conceptual, analítica, entre trata y prostitución?
Para que haya trata tiene que haber un desplazamiento, una violencia, un engaño. Las mujeres que caen en las redes de trata pierden su libertad, viven vigiladas, aisladas, sometidas, paralizadas por el miedo, sin posibilidad de buscar ayuda. La trata suele ser internacional, pero también existe la trata interna. Precisamente, la primera sentencia condenatoria sobre trata interna en España fue sobre el caso de una mujer que estuvo acogida en Villa Teresita de Sevilla. Por otro lado, la trata se manifiesta en la explotación sexual, pero también en la laboral. Hay personas, generalmente en situación administrativa irregular, trabajando en condiciones de explotación y casi esclavitud en sectores como la agricultura, la limpieza o la hostelería. Y hay mujeres víctimas de trata que sufren la doble explotación: laboral y sexual. Muchas mujeres marroquíes están en esta situación. Y después hay mujeres que están siendo prostituidas y explotadas y no han sido víctimas de trata. Yo hablo de mujeres prostituidas para significar esa violencia. Cuando te acercas a ellas, comprendes que, en su inmensa mayoría, no quieren estar ahí.
-¿Con qué equipo cuenta Villa Teresita en Sevilla?
Es un equipo no muy grande, pero sí muy comprometido. En Sevilla, la comunidad está formada por las hermanas Lola y Emi, dos religiosas con una larga trayectoria de amor, entrega y servicio a las mujeres más vulnerables. Junto a ellas trabajamos tres profesionales: Carmen, Marta y yo. Y contamos también un grupo de unas veinte personas voluntarias, que aporta una ayuda necesaria y valiosa.
-¿Tenéis relación con otras instituciones u organizaciones?
Sí, el trabajo de coordinación y en red multiplica las posibilidades. Por ejemplo, las salidas a los pisos de prostitución las hacemos conjuntamente con las Oblatas, que también trabajan en este ámbito, y con la Comisión para la Investigación de los Malos Tratos hacia las Mujeres. Participamos en las reuniones de las Mesa del Ayuntamiento, donde nos coordinamos con otras entidades. También tenemos reuniones semestrales con la Fiscalía. Participamos en plataformas como la Red Española contra la Trata de Personas y la Red Antena Sur. Y con Cáritas Diocesana, a la que estamos muy agradecidas por el apoyo que nos ofrece, colaboramos a través de algunos recursos, como el Proyecto Nazaret.
-Parece que en septiembre se va a publicar un proyecto de ley que se dice «abolicionista» y existe un debate en la opinión pública entre sus partidarios y sus detractores. ¿Tenéis una posición al respecto?
La respuesta podría ser otra pregunta: ¿Qué bien o beneficio aportan la trata o la prostitución al mundo, a la sociedad, a cambio de la vulneración de los derechos humanos y de la dignidad de las mujeres?

