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El acto, que estuvo a cargo de Alberto Domingos Vicente, vicario parroquial de Nuestra Señora del Carmen, en Su Eminencia, comenzaba con una monición de entrada en la que se nos llamaba a "dejarnos tocar y compadecer por las situaciones de injusticia, marginación y desigualdad", especialmente, aquellas que eran consecuencia del desempleo y el trabajo precario.
Tras unos minutos de silencio y reflexión, se ofrecieron ante el altar diferentes símbolos que nos ayudaran a reflexionar sobre el valor que le damos a las personas y cómo nos posicionamos, especialmente, ante aquellas que sufren la precariedad laboral y la falta de un trabajo digno. En primer lugar, un espejo hacía contemplarnos a cada persona como creación de Dios en el mundo, "iguales y sin distinción de raza ni sexo", algo que invitaba a cuestionar, a confrontar, si nuestro trabajo por la igualdad, los derechos y la dignidad de todo hombre y mujer a nuestro alrededor era suficiente, si lo hacíamos desde la fraternidad que nos une como la "familia de Dios en el mundo". En segundo lugar, una jarra de barro simbolizaba la condición "débil y caduca del hombre" y unas semillas nos recordaban la parábola del grano de trigo, desde la que nos planteamos hasta dónde estamos dispuestos a implicarnos, a morir a nosotros mismos, como el grano de trigo, en favor de las personas más vulnerables, necesitadas y pobres", para que desaparezcan la precariedad laboral, la brecha salarial, el trabajo forzoso, las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de personas.
Tras este momento, que concluyó con una clara invitación del celebrante a mirar la realidad con los ojos de Dios y a contemplar el dolor de nuestros hermanos, algunos participantes elevaron sus plegarias por la creación de un trabajo decente, la gestión sostenible de los recursos naturales o por una sociedad pacífica.
Para concluir, la nueva delegada de Pastoral del Trabajo, Yolanda Fernández, dedicó unas palabras de agradecimiento a la labor realizada durante todos estos años a Diego Márquez, antiguo delegado.
La vigilia finalizó con un gesto y la lectura del manifiesto a la entrada de la iglesia, donde, delante de unas cajas apiladas con el lema "Por ti, por mí, Trabajo Decente”, se denunció "la realidad preocupante" que estamos viviendo en España, la reiteración de que "la dignidad de la persona trabajadora es innegociable", y la llamada a que "la búsqueda del bien común debe ser el objetivo principal del conjunto de la comunidad".
La Iglesia por el Trabajo Decente celebra este año su décimo aniversario, renovando su compromiso por un presente y un futuro donde el trabajo sea una realidad para todos, también en el seno de la Iglesia.
La Acción Contra el Paro, convocante de la vigilia, es una iniciativa conjunta diocesana de las delegaciones de Pastoral Social, Migraciones, Obrera y Penitenciaria, Cáritas Diocesana y diversos movimientos eclesiales que trabaja desde 2015 en la línea de la concienciación eclesial y social frente a la lacra del desempleo.

